La Coctelera

Categoría: Actualidad

Sevilla V... "Amor Platónico"

Volvió con dos cervezas y tomó asiento de nuevo. Golpeó con la suya la de ella como gesto de complicidad. Ella, sonrió.

-Perdona Orlando, pero estoy muy nerviosa con esto. ¿Si quieres puedo devolverte el dinero y lo dejamos?

-¡NO, Isabel!... Respondió Orlando tomándole las manos. –Ya lo hemos empezado y quiero ese manuscrito, así sea la última cosa que haga en mi vida.

Ella, le miraba con asombro –cómo se puede ser tan cabezón- pensaba para sí misma. Un chico que parece tenerlo todo y arruinarlo  por un intento en algo que parecía no existir, porque ella no lo había visto, tal y como él dijo.

-Orlando, a lo mejor alguien ya lo ha robado, o puesto en otro lugar y será muy difícil encontrarlo.

-No creo. Respondió enérgicamente él. –Por lo visto ha estado allí desde hace mucho tiempo, porque parte de las hojas continuas estaban manchadas con su tinta.

-¡Querido Orlando! Replico esta vez ella, tomándole de ambas manos. –Esto se ha convertido en una especie de amor platónico del cual no se ha cumplido debidamente sus aspectos, hemos presenciado el ofrecimiento, la aceptación y aún no tenemos la devolución… -Olvídalo de una vez por todas y sigue impartiendo tus clases, que ya son famosas en la escuela de literatura. Isabel, le miraba con cierta ternura.

No creo que ella estuviera enamorada de él –lo digo de corazón- pero si que tenía ese sentimiento de simpatía que a veces es mucho más fuerte que cualquier tipo de amor y mucho más duradero también.

-Así que mi buen Orlando, debemos basarnos en las tres cualidades que hacen que nuestra vida sea mucho mejor, tal y como te lo he dicho en otras oportunidades. Él sonrió.

Sevilla: I II III IV

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Sevilla IV... "Shakespeare u Otelo"

Entraron de nuevo al bar y ella se retiro el abrigo. No dejaba de mirarle con sus profundos ojos verdes que parecían salirse de sus cuencas. La frente sudada y en actitud nerviosa.

-No pude conseguirlo. Dijo –No he podido y parece que me están vigilan. Se sentó bruscamente

-¿No sé porqué he tenido que meterme en esto?

-No digas eso Isabel, soy yo el culpable. Replicó Orlando -He sido yo el de la idea. Quién se ha obsesionado con ese escrito.

-¿Estás seguro que se encontraba dentro del libro de Shakespeare?... ¿En Otelo? Isabel mostraba cierto disgusto.

-¡Sí! Allí mismo, el libro de cubierta de piel marrón oscura ¿Ese?... Orlando dijo, acercándose a través de la mesa su cara a la de ella. No quería que nadie le escuchara

-Pues no estaba allí. He revisado el libro entero y no he visto ninguna hoja suelta escrita a mano, cómo has dicho.

-¡Es extraño!... –No sé por qué no la tomé cuando la tuve en mis manos… - Pensé que habían cámaras o vigilantes y tendría un problema, que no me puedo permitir en estos momentos

-¡No te puedes permitir ningún tipo de problemas. Exclamo Isabel. –Ahora que eres profesor de literatura inglesa en la Universidad… -¡Te despedirían!

-Es cierto, Isabel. Dijo Orlando bajando su cabeza y mientras apretaba ambas manos con fuerza sobre la mesa.

Los dos guardaron silencio. Isabel estaba mucho más tranquila.

-¿Deseas beber algo? Dijo Orlando, levantándose de la mesa.

-Sí, tomaré una cerveza, por favor.

Orlando caminó a la barra y el viejo hombre que llevaba el bar, comentó acerca del mal carácter de la chica con él. Cómo compadeciéndose del mismo. Orlando, no quiso caer en detalles e hizo su pedido.

Sevilla: I II III

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Sevilla III... "Ella"

Isabel, no daba muestras de vida –¡se puede ser tan informal!- se decía a sí mismo, mientras miraba a través de la ventana. Ella, debía traer consigo, lo prometido, algo por lo que él, había pagado por adelantado la mitad de su valor. Precio, que no se correspondía realmente con el verdadero; así que tuvo calma. Porque en parte se sentía como un timador. Pero los deseos de poseer aquel viejo escrito, le podían enormemente. Se le ha convertido en una obsesión haberlo encontrado en medio de una vieja biblioteca sevillana, muy cerca del Archivo de Indias. Allí en medio de documentos traspapelados, en su búsqueda de información, se encontraba aquel valioso papel, escrito a mano por ambos lados, que le hizo perder la cordura, una vez lo hubo visto.

Isabel, apareció de la nada o al menos eso le pareció. Estaba allí en medio de la larga Plaza de la Alameda, buscando con sus ojos, dónde encontrar a Orlando. Al verle; él se levantó rápidamente de su asiento y como pudo se arreglo el abrigo y salió en su encuentro. Ella, estaba muy asustada, cuando le vio se apresuró hacía él, y tratando de meterle de nuevo en el bar de dónde había salido, le tomó con fuerza de su brazo y le pidió que caminara apresuradamente. Él, no entendía nada en lo absoluto.

Sevilla: I II

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Sevilla II... "Vivaldi"

Puso sus cascos en las orejas y pensó en disfrutar un poco de su “Sposa son desprezzata”. Esta le trajo recuerdos gratos de su infancia en su barrio londinense de Bloomsbury. Las reuniones a la que su madre le llevaba cada día, luego de la escuela; donde literatos y aprendices, se confabulaban para charlar de sus escritos y sueños. Olor a libros, tabaco y ópera, eran los dueños del lugar. Permanecía sentado con un pequeño libro de Dickens, editado en colores. Que no dejaba nunca a un lado. Le agradaban los dibujos que representaban a Oliver Twist, en sus aventuras. Solía soñar que era él. Le hubiese gustado que su madre le llamara de esa manera y no Orlando, pero su amor al maestro inglés pudo sobre todos los demás apelativos. Luego se daba de espaldas a la multitud y miraba a través del cristal y veía caer la nieve en los inviernos que tanto amaba y allí con cada copo su imaginación echaba a volar. Nunca lo había retratado en ninguno de sus cuentos publicados. Era algo que guardaba dentro de sí. Era de esos simples secretos que no queremos compartir con nadie, por lo hermoso que nos parece.

Estaba abstraído de todo. Aquellos años fueron los mejores. Luego de regreso a casa, ya casi de noche. Su madre repetía siempre que le gustaría que él fuera como sus amigos.

-Orlando, es importante que leas mucho y explores dentro de los grandes de las letras Solía hablar de una manera extraña, cuando salíamos de aquel lugar. Usaba un vocabulario que a veces no entendía; pero que ella luego explicaba con exactitud. Extraño ser. Una mujer obrera de fábrica que sólo asistió a la primaria y un poco más.

Una vez en casa, le premiaba con una taza de chocolate caliente y algunas creps rellenas de mermeladas con queso, hechas por ella misma –él se sentía feliz- después unos sonetos de Shakespeare antes de dormir. Con su dulce voz, esmerada con ahínco en la perfecta pronunciación.

Sufría de esas largas ausencias llenas de remembranzas con una facilidad exquisita para evocar viejos tiempos. Muchos le habían tildado de solipsismo, pero no era así. Tan sólo se dedicaba a evocar en sus pensamientos viejos escritos de grandes literatos, como un simple ejercicio de memoria.

Sevilla: I

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Sevilla I... "La Cita"

A: Javier, Sandra, Alex, Pili, Miguel, Curro, Luisa y Mónica, por haberme hecho pasar una de las mejores navidades de mi vida. Besos y abrazos. Antonio


A él no le importó que ella no asistiera a la cita. Eran las cuatro de la tarde y el frío castigaba todo lo que se encontraba a su paso en La Alameda. Su plaza pintada de amarillo hasta más no poder, no dejaba indiferente a nadie.

Se sentía intruso en un mundo muy lejano al suyo. Tomó asiento en una pequeña columna que hace margen a la calle transitada por coches y bicicletas que iban de un lado a otro. Se frotó las manos. Las tenía congeladas, al igual que sus orejas. Quería espabilar el sentimiento que empezaba a apoderarse de su ser. Una vez más una cita infructuosa, una vez más una pequeña decepción, porque a ella creía conocerle mejor. Pero nunca se termina de conocer a la gente del todo. Estamos condenados a esperar siempre una sorpresa y no de las mejores.

Era un problema de cuna. Le llamaba así, porque fue su madre quien le enseño a creer en las personas. Esto tal vez, le había complicado las cosas en la vida. Creaba expectativas que luego no se cumplirían la mayoría de las veces. Lo había tratado de compensar con la pérdida de su “capacidad de asombro”. Había conseguido grandes logros en ello. Se dijo a sí mismo que solo lo bueno e impredeciblemente benigno causarían en él, tal admiración.

Se calmó un poco y decidió no ser “tan existencial” ésta vez. Se dirigió a un pequeño bar de tapas, donde tuviera buena vista del lugar acordado. Ya han trascurrido treinta minutos y ella, no da visos de vida alguna.

Isabel, una estudiante nacida en un pueblo de Huelva, cercano a Sevilla, era la encargada de encontrarse con él. Traería consigo el encargo que esperaba con tanto entusiasmo. Será en otra oportunidad. Se dijo para sus adentros. Bebió de su cerveza y mordió un trozo de pan y jamón que el encargado había puesto junto con la bebida. Le reconfortó el sabor de ambas cosas. Se sintió extranjero pero en casa. Cargo con su bebida y comida y tomó asiento en una pequeña mesa junto a la ventana.

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Mundos Antagónicos de Dubczek...


Algunas veces las luchas terminan, cuando uno deja de guerrear en ellas. Algunas veces la vida nos enseña la forma de ver la vida de manera diferente; pero todo ello cuesta trabajo y vivencias, no del todo buenas.

Aún así, el llamado cuerpo humano posee la capacidad de sobrevivir cuando se le brinda la oportunidad.

Sucede lo mismo con la lectura, al principio puede llegar a ser tediosa y pecamos en dejar a un lado una gran obra que con suerte, mucha suerte, retomaremos en el futuro.

Me defino como un asiduo buscador en el mundo de las letras y al igual que muchos de mis amigos y un luchador pacifico de las formas "cómo" se manejan ciertas sociedades. Al igual que muchos de vosotros: Soy feliz con mi blog y mucho más cuando tengo gente como vosotros capaces de escudriñar en él y encontrar en sus escritos algo para ser feliz.

Hoy en esa búsqueda infatigable, deseo presentaros un blog que abre su inspiración en nuestra casa y que sería criminal de mi parte no compartir con todos mis lectores sus grandes historias: Dubczek, renace en el y no tan postmodernismo humano de las letras, cuando por sí mismo muestra que en la literatura actual, sólo se escribe lo que el lector desea leer y por ende “perderse la mejor parte”… Esa parte de la cual nadie debe dejar de leer nos la ofrece éste preciado blog.

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Bienvenida a Naranjas Turcas...

Cambiar de nombre no es cosa fácil, más aún cuando al tiempo se le ha permitido que transcurra. Pero a veces los cambios son buenos. No, la mayoría de las veces… Pero si lo razonas bien; a lo mejor si lo son…

Una cordial bienvenida de año nuevo a todos los que siempre están ahí, esperando por mí. Como decía un gran literato: Mis amigos invisibles… Bienvenidos a Naranjas Turcas.

Para iniciar el año, unas notas del maravilloso y eterno David Foster Wallace.

A todos, un año lleno de salud y cosas buenas…

Historia radicalmente concentrada de la era postindustrial

Cuando fueron presentados, él hizo un comentario ingenioso porque quería caer bien. Ella soltó una risotada estrepitosa porque quería caer bien. Luego los dos cogieron sus coches y se fueron solos a sus casas, mirando fijamente la carretera, con la misma mueca en la cara.

Al hombre que los había presentado no le caía demasiado bien ninguno de los dos, pero fingía que sí porque le preocupaba mucho tener buenas relaciones con todo el mundo. Después de todo, nunca se sabe, ¿verdad que no? ¿Verdad? ¿Verdad?

David Foster Wallace. “Entrevistas breves con hombres repulsivos”

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365 días no son suficientes…

Después de haber iniciado el año con un trozo de papel en mi mano, el cual quemé para que mis metas fueran realidad –ya saben-, las mismas chorradas de siempre, que si dejas de fumar, bajas de peso y aprendes inglés de una vez por todas. A mitad de año nada de esto se ha cumplido la gran mayoría de las veces.

Esta temporada realmente ha comenzado cuando le conocí. Fue el día que celebraba el triunfo de la Eurocopa 2008 en la Rambla de Barcelona, en medio del gentío ella con una bandera alzaba sus brazos llena de algarabía. Desde allí lo demás fueron preámbulos. Nuestra relación tomó un matiz mucho más intenso de lo normal y después de varias quedadas en librerías –es una adicta al fútbol y la buena lectura- hicimos lo que todos ya sabéis. Con tantas jornadas de sexo, acompañado de Mrs Robinson, sintiéndome como Dusttin Hofman en El Graduado. Todo parecía perfecto por primera vez en mi vida.

Las cosas buenas parecen estar destinadas a una corta inmortalidad. Ella fue despedida por la muy de moda reducción de plantilla y eso hizo que ella mostrará su peor parte. Problemas tras problemas sin que me dejara tan sólo salvarle de la crisis que se avecinaba en nuestra joven relación. Después tocó mi turno, cuando mi jefe me selecciona para que tome algunas vacaciones, por decir despido y me envía al paro. Aún así lucho por verle cada día. Hemos dejado atrás las tardes de sexo despiadado y espaguetis recalentados para continuar en la tregua.

Ahora solo quedamos a tomar un café y me limito a escuchar sus historias. Le he dicho que ganó Obama, y que el mundo tiene muchas esperanzas en ello, y en que la situación mejore; pero ella, me mira y sonríe cuando le digo esto. Me dice que continuemos leyendo junto Los Miserables de Victor Hugo y así tres veces a la semana en el mismo lugar, nos distraemos un rato y pasamos nuestra anorexia sexual. Luego cada uno vuelve a casa de sus padres… Ahh, ella me ha dicho: “Siempre nos quedará París” y eso me llena de esperanza.

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