La salida del vuelo a Madrid a las 19 horas, no debía tener algún retraso; así que Sofía y Luka debían tomar un taxi lo más rápido posible o si no la primera correría el riesgo de perderlo.
En Barcelona es toda una odisea conseguir uno y mucho más cuando lo necesitas; al fin entre tanto ir y venir la caza tuvo su efecto; se detuvo frente a ellas; una vez dentro casi no lo podían creer. El taxista tomo la Calle Aragón y tomo rumbo al Prat.
Sofía lucía especialmente guapa y tranquila, Luka a su lado no paraba de contar su día a día en el nuevo empleo, ha decido hacer unos cursos de capacitación y así poder ir ascendiendo, -si es posible- Tenía el apoyo incondicional de su amiga y esto le hacía sentir segura.
Una vez despidió a Sofía, tomo el tren de vuelta a Barcelona, llegaría a casa a eso de las 21:30 horas, tomaría una ducha y a la cama, estaba algo agotada por el día que había tenido.
En Barajas el avión no tuvo ningún problema, Sofía decidió tomar el metro desde allí era una buena opción, haría los cambios respectivos hasta la estación de Noviciado; allí mismo en un pequeño hostal tomo una habitación –era el de siempre- y se dispuso a descansar.
Mañana vería a su querido amigo, quedaron en la Plaza Real a tomar algo y hablar acerca de todo lo vivido.
Hacía un día brillante y caluroso, a pesar que la venidera estación esta al llegar; Madrid no esta dispuesta a dejarse llenar de ráfagas de aire frío anunciando el otoño.
Tomo el desayuno en la Gran Vía en un pequeño café, pidió el mismo té de siempre -sin más- saco una pequeña libreta de su bolso y se dispuso a tomar notas acerca de la ciudad.
Camino hasta el Museo del Prado y allí paso casi toda la tarde, viendo a Velásquez, Tiziano y Goya; Las Meninas era un cuadro que no dejaba de impresionarle desde su niñez.
Aquel edificio es la obra más ambiciosa del neoclasicismo español, un pequeño capricho de Carlos IV.
Llevo algo de comer consigo, se sentó en un pequeño mueble de una de las salas y de dispuso a comer el bocado –no siempre se tiene el lujo de comer en medio de obras de arte- Sabía que estaba prohibido, pero el bocadillo era tan discreto que nadie noto lo que ella hacía. Recordó a Carol y su estudio de museos.
El Prado es uno de los museos sencillamente placenteros de ver y caminar.
Al salir de allí cruzo el Parque El Retiro y pudo observar que habían hecho unos cuantos cambios, tomo un breve asiento y contemplo las fuentes y los transeúntes que llenaban el lugar, se trataba de suramericanos e inmigrantes que a su parecer dormían allí durante la noche.
Una niña con rasgos peruanos, se paro frente a ella, mirándole fijamente y regalándole una sonrisa, sus padres no se encontraban muy lejos de allí, descansaban en el césped verde del parque.
Camino de regreso por La Gran Vía y en la esquina de FNAC cruzo hacía La Puerta del Sol; la tienda le trajo recuerdos cuando conoció a Carol en Barcelona y sus tardes entre libros.
Las pequeñas calles que conducen hacia la Plaza Mayor conservan todo su encanto, hizo memoria de un escritor valenciano que las comparaba con algunas de la ciudad de Praga.
Allí en la plaza, la gente como cualquier otra ciudad, iban de un lado a otro, confundiéndose entre pintores y artistas ocasionales.
Tomo asiento en una de las sillas de un conocido café; abrió su pequeña libreta y de nuevo, se dispuso a tomar nota de los detalles de aquella famosa plaza en el centro de Madrid.
Un hombre de unos 38 años le miraba desde el asiento del lado, parecía estar muy interesado en ver cómo ella no paraba de escribir; ella noto su presencia, pero no quiso ponerse en evidencia.
Eran las 17 horas y un chico de acento argentino se presentaba a los allí presentes, con guitarra en mano, ofrecería un pequeño repertorio musical.
- Dedico esta canción a todas las chicas presentes, “El Amor Después del Amor”, dijo el mozuelo
Sofía levanto la mirada y el chico empezó a entonar la canción, se detuvo a oír cada palabra de la misma, sintió cierta nostalgia, pero solo quedo en ello.
El hombre que antes estaba cerca de ella; se encontraba de pie frente a su mesa y sin más, se presento a si mismo
- Hola me llamo José, dijo estirando su mano
Sofía levanto sus ojos y pudo verle con detalle, su mente experimento un extraño sentimiento
- Hola, soy Sofía
- Me permite sentarme
- Si, pero espero a un amigo, no tardará en llegar
- Vale no pasa nada, será solo un momento, sentí curiosidad por saber lo que escribes, dijo sin preámbulos
- ¡Ahh!, solo son notas tontas
- ¿Eres escritora acaso?
- Periodista, tengo una pequeña columna en un periódico de Barcelona
- Interesante, yo soy escritor, dijo él
Ella le miro algo incrédula, -hay mucho pillo en la vida- Contó que se ha mudado recientemente de Irlanda y ahora estaba de nuevo en su tierra.
Hernán apareció de pronto, por lo que Sofía se lleno de inmensa alegría, abrazándole colgada de su cuello, el momento duro unos cuantos segundos; José se sintió algo intimidado y fuera de lugar.
- Hernán este es José, le acabo de conocer, es escritor
- Mucho gusto dijo el joven reportero, que tomo asiento al lado de Sofía –era una mesa circular para tres-
Charlaron dos horas aproximadamente y fue tal la química que transcurrido aquel tiempo parecían amigos de años, no paraban de reir.
José le regalaba sonrisas oportunas y miradas a Sofía –ella respondía de similar manera-
Eran las 21 horas, cuando los tres decidieron levantarse e ir a cenar, caminaron juntos, Sofía en el medio de los dos –pero más cerca de José- Hernán estaba feliz de caminar de nuevo en las calles de aquella ciudad al lado de su mejor amiga.
La felicidad de Sofía era doble, a su lado caminaba su entrañable compañero y aquel chico que empezaba a ganar su atención.
Esa fue la última vez que les vi…
Fin.
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