La Coctelera

Categoría: Barcelona

365 días no son suficientes…

Después de haber iniciado el año con un trozo de papel en mi mano, el cual quemé para que mis metas fueran realidad –ya saben-, las mismas chorradas de siempre, que si dejas de fumar, bajas de peso y aprendes inglés de una vez por todas. A mitad de año nada de esto se ha cumplido la gran mayoría de las veces.

Esta temporada realmente ha comenzado cuando le conocí. Fue el día que celebraba el triunfo de la Eurocopa 2008 en la Rambla de Barcelona, en medio del gentío ella con una bandera alzaba sus brazos llena de algarabía. Desde allí lo demás fueron preámbulos. Nuestra relación tomó un matiz mucho más intenso de lo normal y después de varias quedadas en librerías –es una adicta al fútbol y la buena lectura- hicimos lo que todos ya sabéis. Con tantas jornadas de sexo, acompañado de Mrs Robinson, sintiéndome como Dusttin Hofman en El Graduado. Todo parecía perfecto por primera vez en mi vida.

Las cosas buenas parecen estar destinadas a una corta inmortalidad. Ella fue despedida por la muy de moda reducción de plantilla y eso hizo que ella mostrará su peor parte. Problemas tras problemas sin que me dejara tan sólo salvarle de la crisis que se avecinaba en nuestra joven relación. Después tocó mi turno, cuando mi jefe me selecciona para que tome algunas vacaciones, por decir despido y me envía al paro. Aún así lucho por verle cada día. Hemos dejado atrás las tardes de sexo despiadado y espaguetis recalentados para continuar en la tregua.

Ahora solo quedamos a tomar un café y me limito a escuchar sus historias. Le he dicho que ganó Obama, y que el mundo tiene muchas esperanzas en ello, y en que la situación mejore; pero ella, me mira y sonríe cuando le digo esto. Me dice que continuemos leyendo junto Los Miserables de Victor Hugo y así tres veces a la semana en el mismo lugar, nos distraemos un rato y pasamos nuestra anorexia sexual. Luego cada uno vuelve a casa de sus padres… Ahh, ella me ha dicho: “Siempre nos quedará París” y eso me llena de esperanza.

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La Boda...

Gris. Este es el término que se usa para definir un color, un estado de ánimo y todo lo que se le parezca, incluso una personalidad puede llegar a decirse de este tono. Más no hablo de música para este último calificativo, esta vez quiero referirme a lo que llevamos dentro, esto también cambia de tonalidad de acuerdo a la forma de ver la vida.

He estado deseando una lluvia y hoy me sabe mal que esta caiga sobre la ciudad, dentro de unos minutos tendré que asistir a una boda –si la primera- desde que estoy aquí. Un buen amigo, lo hará –debe tener razones suficientes- es lo que pienso, porque éstas cosas no suceden muy a menudo; lo son más las separaciones que han dado mucho trabajo a los abogados estos postreros días. Pero ni hablar de ello, si se trata de este buen hombre –mi amigo- ha luchado por lo suyo y deseo que todo vaya tal y como todos los deseamos.

Todo esta preparado y no hay vuelta atrás, incluso mi camisa nueva azul, si, de ese tipo de azul ejecutivo que recuerda la que usan los protagonistas de los films rodados en ciudades fantásticas donde nadie parece sufrir, donde cada uno vuelve a su casa y aún con algo de alegría y tristeza revueltas, piensa si existe alguien con quien puedas compartir tu vida, al igual que lo han hecho ellos que ahora se llaman matrimonio o como mejor les parezca a vosotros llamarles.

En fin, un día muy gris para tanta felicidad junta, esta vez tomaré el metro y espero el cielo no moje mi traje negro que he preparado entusiastamente para la ocasión. Ahora solo queda que el pantalón cierre y no sea interrumpido por una poca cantidad de grasa abdominal –producto de los años- que se negó a marchar estos meses, a pesar de alguna que otra dieta.

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La Vida Interior de...

El colchón azul pálido de su cama, cayó de sopetón al darle la vuelta. Pronto será el fin del verano del 2007, sábado por la tarde, digamos que es el 15 de septiembre del año que os he dicho y nada ha emocionalmente ha sucedido en su vida hasta ahora, solo las pocas letras convertidas en palabras que salen de su empedernida mente, le llamo de esta manera, porque su adicción por la lectura va mucho más allá de cualquier limite de tolerancia. La habitación ha quedado impoluta, ni una sola molécula de polvo se ha salvado de la despiadada aspiradora, que parece absorber hasta el último pensamiento; ya le da igual, su vida emocional goza de una catastrófica soledad que oculta entre halagos de buenos amigos.

El día llegaba a su final y la noche algo sencilla y común, un sábado sin un detalle que le haga diferente a cualquier otro, ni siquiera la lluvia se acuerda de esta ciudad en la que los pecadores nos juntamos en un éxtasis perenne –cada uno a su manera- pero es así. No estoy hablando de sexo en el caso de mi protagonista, este hombre maduro, inteligente –a mi parecer- puede ser una victima fácil para cualquier mente suspicaz que sepa captar qué existe debajo de aquella apariencia de plena caballerosidad, sin embargo, un cruce de energías se ha confabulado para ofrecerle una sorpresa, la cual ha venido esperando desde hace mucho tiempo. Irá al mismo bar de siempre, beberá algunos vodkas en las rocas antes de salir y de esta manera ganará algo de fatua seguridad, que apenas le permitirá sonreír con naturalidad y enseñar su perfecta dentadura corregida por un buen trabajo de ortodoncia. ¡Así es la vida!... y no creo que haya algo que cambie el destino de ciertas personas, tal vez sea una decisión y la fatalidad del mismo es una quimera inventada por los perdedores para justificar su fracaso.

Mucho por escribir y otros con mucho por leer, sin embargo el equilibrio aguarda su momento para juntar lo que lleva desde hace mucho tiempo extraviado, me refiero a unas piezas de esta vida, que de pronto juntas saben ser felices…

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Puta...


Te aviso y te anuncio que hoy renuncio a tus negocios sucios… Ya sabes que estoy de ti vacunada, a prueba de patadasAgitaba sus caderas, mientras su cabellera hace unas horas perfumada desprendía el olor de las vírgenes, sus redondas y firmes tetas, permanecían en su lugar casi sin moverse. Su sólido cuerpo lleno de juventud y vigor, no mostraba signos de cansancio a pesar de los avatares de la vida. Poseía la fuerza de su corazón, esta era más fuerte que otra cualidad visible.

Decidió tomarse un día libre, a pesar de los gritos y reproches de sus “chulos”, el verano prometía llegar a su fin antes de tiempo entre días lluviosos y el frío se apoderaría de todo dentro de muy poco.

La luz láser de color verde reflejada en la espera de espejos, disparaba su fulgor hasta el último rincón del lugar y como siempre la misma historia, un hombre entrado en años tratando de rescatar entre licor y sombras sus años mozos en un intento fatuo de tomar unos segundos de juventud bailaba cerca, pero ella, diestra y siniestra en el trato de hombres, sabe muy bien sus intenciones. Es más, sabe que comentará, que posee un descapotable último modelo y un piso de “soltero” donde lleva sus conquistas esporádicas que le proporcionan un deleite más que sexual. El placer de poder mentirse a si mismo con un sentimiento amañado de mocedad, cuando se trata de una carrera, la cual es sellada por mero dinero. Porque otra cosa no tiene valor dentro de él, más que eso.

Dolida, con ella, con la vida, con la naturaleza humana, vacía, herida continua su despechada danza, mientras la descubierta piel de la parte superior de su pecho, humedece un crucifijo que es testigo de todo su dolor y representante de sus culpas y miedos mentales.

El humo de cigarrillo llego a ser asfixiante –lo digo yo- que le ví danzar. Fue cuando un joven con una camiseta tres tallas menos de la que le corresponde para su edad y un pantalón igualmente ajustado se acerca tongoneándose hasta ella, no quiso dar vuelta y toparse de frente con la representación final y patética del añoso, prefiere hacerle frente a su homologo y retirarse cuando casi ambos hacen con ella una especie de bocadillo.

-Solo esto faltaba-. Creo que fue lo que pensó o pude leer en su hermosa y triste mirada, levanto ambos brazos y los saqueadores lo tomaron como si se tratase de un signo de sumisión, pero la música llegaba a su final y pronto les dejaría plantados, no entienden que esta cansada de alientos masculinos con olor a cigarro y licor podridos dejados en su hermosa y perfumada piel… Esto es lo que todos piensan -que solo soy una puta-…

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Islas Griegas XII… “Miedo”

Isabel prefirió dar una vuelta por la proa del barco. Necesitaba respirar, no podía creerse lo que esta viviendo, ahora su hijo. Revisó su teléfono móvil y pudo ver que había dos llamadas perdidas. El amante de su hijo, le estaría llamando desde temprano y ella no había escuchado.

Ella, se lo había hecho prometer, que le llamaría, si su hijo necesitará cualquier cosa o si le sucedía algo. No importaban sus vacaciones y así él lo hizo. El aire soplaba con intensidad, chocaba con su cara y arrastraba parte de sus lágrimas. No podía evitarlo, estaba llorando una vez más, se sentía culpable, aunque siempre supo el riesgo que corría. Desde donde se encontraba, podía oír la música de la fiesta que se daba allí, pero no hizo caso alguno, buscó en su bolso su dispositivo de sonido –pero no estaba- lo había olvidado encima de la barra

-¡Qué torpe he sido! Se dijo a si misma

Era un regalo de Cristóbal y ahora qué le diría a su regreso, de todos modos, pensaba contarle todo a su hijo cuando volviera a casa. Tenía sentimientos encontrados, ni la oscura y fresca noche, ni el olor del mar, sirvieron para tranquilizarse. Bastaron dos horas para que este crucero llegará a Ydra, fue más pronto de lo que ella esperaba.

Momentos atrás, Dimitri, volvía del baño y al no ver a Isabel, pero si, a su padre en la barra, se apresuró hasta allí con paso decidido y rabioso –presentía lo que este había hecho-

-¿Dónde esta ella? Dijo él

-¿Quién? Dijo el hombre, mientras bebía un trago de su vaso -¿Me hablas de la prostituta con la que estabas? Esta vez sonrió maliciosamente

-¿Qué has hecho esta vez padre? Preguntó Dimitri con rabia –¿Por qué no me dejas en paz?- reprochó el dolido joven

-Porque debes buscarte una chica de tu edad y dejar ese Complejo de Edipo, de una vez por todas. El hombre descargó el vaso en la barra esta vez con furia

Dimitri, no quiso discutir más con su progenitor. Al ver el IPod de Isabel sobre la barra, lo tomó con su mano izquierda y salió corriendo, pero a pesar de sus esfuerzos por llegar al puerto, no le encontró por ningún sitio. Preguntó a algunas personas, pero estaban ebrios en su mayoría, nadie parecía haberle visto. No sabía, qué hacer, si buscarle por la Isla o regresar a Ydra. Se decantó por lo primero y comenzó a patear parte de las calles, mirando dentro de los cafés, pero no la encontró, ya casi llegada la madrugada, estaba desesperado, regreso a su pequeño yate y salió con rapidez del puerto. Giró con fuerza el timón y emprendió el viaje de regreso.

Mientras tanto Isabel, ya en el hotel, había cancelado su estadía –ya arreglaría todo con la agencia de viajes- estaba preocupada y el encargado lo notó enseguida, ella, explicó como pudo la situación para ver si alguien podía llevarle hasta Pireos. Un joven conocía a un viejo pescador, este madrugaba siempre. Ambos salieron al pequeño puerto en su búsqueda, con suerte, Isabel, podía regresar con él, a Atenas. El viejo, ya se disponía a alejarse del desembarcadero, cuando el encargado corrió dando voces para que se detuviera, este así lo hizo y entonces Isabel pudo subir a bordo sin problemas. Agradeció, dio una propina al joven y se despidió.

Ya casi amanecía, solo serían 25 minutos con algo de suerte y llegaría a la capital griega. Todo el aprieto de salir de las islas parecía resuelto. No pudo cruzar palabra con el viejo pescador –este solo hablaba el idioma local- así que solo le quedo agradecer con un gesto al darle la paga. En el puerto, buscó la salida del metro, desde allí iría a Eleftherios Venizelos, así se llama el famoso aeropuerto –restaurado majestuosamente para las olimpiadas del 2004- Una vez dentro del vagón, ya Isabel, algo exhausta, buscó el libro que tenía abandonado y retomó su lectura: “Confiar en los hombres ya es dejarse matar un poco” vaya frase –para lo que estaba viviendo- luego de casi 40 minutos, llegó a su destino. Buscó las escaleras eléctricas, una vez en el vestíbulo, miro la pantalla de las salidas. Compró un boleto y embarcó su maleta. Cruzó el portal y se dirigió al interior, a buscar la puerta de embarque, eran las 7 de la mañana.

Entre tanto Dimitri en Ydra, sabía de los hechos –se sentía impotente- dio puños contra las paredes y se paró frente al mar en un pequeño café con miras hacia Peloponnese, extrajo del bolsillo de su pantalón el IPod de Isabel, colocó los audífonos en sus oídos apretó el interruptor, al escuchar la música fue cuando su llanto se tornó incontenible. Ya Isabel, viajaba rumbo a Barcelona, cansada, recostaba su cabeza en la ventana, luego de unas cortas horas la ciudad Condal se divisaba ante ella –sintió un alivio- en casa nuevamente. Una vez fuera con su maleta, tomó un taxi hacia el Hospital, durante el viaje llamó a su yerno, quien le notificó que su hijo se encontraba bien y esperaba por ella –lloró al escuchar la noticia- ya nada importaba más que eso.

Dimitri continuaba escuchando la canción , enjuagó sus lágrimas y sacó el pequeño papel azul, donde ella había escrito su dirección, se levantó decidido de donde se encontraba e iría al mismo lugar donde Isabel, horas antes estaba, en busca de un vuelo a Barcelona.

FIN

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Las Horas...

Dos premios le merecieron a Michael Cunningham escribir una novela de 224 páginas –pocas sin duda- para hacerse acreedor del Premio Pulitzer 1999 y el Pen/Faulker el mismo año por ficción. Aún así, esta hermosa novela no fue conocida sino hasta el año 2002, cuando Stephen Daldry la llevó a la gran pantalla de manera magistral, con un elenco y guiones irrepetibles.

Sin duda la vida de un escritor es hurgar en lo más intimo de su ser y luego con mucha dedicación, convertirse en un observador de todo lo que le rodea sin dejar detalle alguno sin escudriñar. Es así como se construye con un grupo de palabras una obra literaria, que a lo mejor para muchos o pocos, les acompañará en su memoria como su favorita, hasta el momento final de sus vidas. Hace días que vengo pensando en este pequeño post, convertido en homenaje a aquellos que se complacen en escribir diariamente en sus mundos irreales, con la esperanza que el auténtico al fin sufra transformaciones, para el buen vivir de todos los que nos encontramos en el.

Fue así como el pasado Día de Sant Jordi, casi finalizando el día, pero con una tarde algo tibia para la época y un sol que se resignaba a morir en medio de la alegría catalana. Caminaba en medio de la multitud que en ciertas áreas de la ciudad de pronto se disipaba como si se tratase del lugar donde una bomba molotov, caía y despejaba todo. Fue entonces cuando pude ver al Premio Alfaguara 2006, sentado humildemente en una silla a la espera de alguien para la firma de su “Abril Rojo” o de “Pudor”. No podía creer, que aquel genio incipiente de las letras, estuviera allí, no a la intemperie pero si al desacato de los transeúntes que hacían una pequeña cola frente al escritor vecino. Era una gran oportunidad para mi –como pocas se dan en la vida- allí estaba Santiago Roncagliolo, en un momento de solaz, el cual tenía que aprovechar; así que directamente le salude, como si le conociera de mucho tiempo –creo que yo más a él- que él a mi. Pero da igual, esto es lo bueno de las letras –son universales- tratamos algunos temas que omito, porque sería muy largo y aún queda otro por nombrar.

Al final de casi una hora de dialogo, entre los que se nombraron, por supuesto los blogs, una foto, culminó el encuentro. Él, muy dispuesto con una grata sonrisa –feliz al saber- que sus libros son conocidos al igual que su persona. Debo decir que me sentía pletórico, desde hace rato, por la situación.

Esperaba que con aquel encuentro y estrechada de manos, algo de su talento, pasará hacía mi a la hora de escribir, a lo mejor se trataba de un vago anhelo

Pasadas las horas –dos y media- que se convirtieron en tres, apareció en medio de la multitud, como un ángel, como una especie de feminista futurista, la ganadora del Premio Planeta 2004 con su libro “Un Milagro en Equilibrio”. La gente le esperaba con ansia, para la firma de libros, “Cosmofobia” su último y el más comprado a mi parecer, reunían a Lucia Etxebarria que se mostró muy contenta a pesar de su cansancio, supuse que venía de otros lugares donde había firmado una notable cantidad de libros.

Luego a darme una vuelta por las calles llenas de gente y hacer fotografías de algunos otros famosos escritores en aquel día tan especial para las letras. Aquellas horas transcurridas e irrepetibles fueron realmente de gran alegría.

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Brian Freeman... "Venganza"

Hace más de una semana. Era una tarde de estás raras en lo que a clima se refiere –de verdad que es una primavera muy extraña- un paciente había dejado de asistir a su visita de rigor, dejando sin cupo a otro que a lo mejor lo necesita mucho más. Mi teléfono móvil –en modo silencio- comenzó a moverse encima del escritorio, teniendo la oportunidad de contestar, ya que muchas llamadas se quedan en “perdidas” al estar trabajando, me dispuse a contestar. Una voz amable al otro lado me comunicaba que había sido elegido para conocer en persona a un escritor norteamericano, se trababa de Brian Freeman, intercambié algunas palabras con la fémina que me hacía tan cordial invitación. La conversación termino en risas y hablando algo de literatura –mi debilidad-.

Ayer a eso de las 12 del mediodía, me encontraba de manera puntual en Travesera de Gracia, para ser precisos entre las calles Aribau y Montaner se trataba de la sede del Circulo de Lectores en Barcelona, una vez allí con tres personas más que habían sido elegidas, esperamos a la aparición de tan amable mujer, la cual confirmó su agradable presencia. Nos llevaron a la planta 7 del enorme edificio y una vez allí, en un gran salón alfombrado y con vista a los techos de la parte alta de la ciudad, la íntima reunión comenzó con la aparición de nuestro esperado escritor. Un hombre jovial, con cierto aire de amabilidad y humildad. Dirigió unas palabras a los presentes en su inglés natal –una traductora- hizo su labor. Una vez concluido esto, se dedicó a hablar con cada uno de nosotros y firmar su último libro que se nos fue obsequiado.

Me puse religiosamente en la pequeña cola; olvidaba comentaros que previamente había conocido a Noemí Alba Blanco , la ganadora del concurso para convertirse en un personaje de la próxima novela del escritor, una administrativa de Barcelona que no se creía aún lo que le estaba sucediendo, me contó que se había entrevistado con anterioridad con el escritor y habían charlado acerca de ella y su vida –lucia nerviosa, pero feliz-. Volvemos a donde habíamos quedado, una vez en la cola, llegó mi turno y pude dirigirme en mi mal inglés al escritor, le comenté acerca de lo exquisita que es la literatura norteamericana a la hora de sus autores escribirla, hablé acerca de algunos famosos literatos de su país y para mi sorpresa me pidió mi nombre para hacer algunos comentarios en su weblog -dicha la palabra mágica- le comenté del mío y de inmediato me pidió la dirección para darle un vistazo. A su lado su esposa Marcia, sonreía sin parar, sencilla y agradable, le planté un beso en cada mejilla y le felicité por su esposo –ella lo agradeció gentilmente- llegados hasta aquí, os preguntaréis quién es este famoso escritor de novela policial. Tomaré nota de lo que ya se ha escrito acerca de él y lo transcribiré de manera tal y como fue presentada por el Círculo de Lectores, he aquí una reseña del autor y su último trabajo. Ahora os dejo que voy a degustar los platos que han puesto en las mesas para disfrutar aún más de este encuentro.

Brian Freeman nació en Chicago, Illinois en 1963. Tras finalizar su formación académica y licenciarse en lengua inglesa, empezó a colaborar en diversas revistas literarias escribiendo artículos de opinión, relatos cortos y cuentos. La publicación de su primera novela, Inmoral (2005) supuso para Freeman, toda una vida dedicada a la escritura y en general al género de misterio e intriga. Venganza (2007) protagonizada también por Jonathan Stride y Serena Dial, confirma el talento del escritor que ha logrado a su obra de un estilo propio e indiscutible.

Venganza - Brian Freeman
Dos crímenes han conmocionado a la ciudad de Las Vegas: un famoso millonario ha sido asesinado mientras estaba con una prostituta y un niño ha muerto tras un atropello intencionado. Ambas muertes parecen no tener nada en común, pero pronto los cadáveres empiezan a multiplicarse...

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Barcelona. "El Amor Después del Amor"

La salida del vuelo a Madrid a las 19 horas, no debía tener algún retraso; así que Sofía y Luka debían tomar un taxi lo más rápido posible o si no la primera correría el riesgo de perderlo.

En Barcelona es toda una odisea conseguir uno y mucho más cuando lo necesitas; al fin entre tanto ir y venir la caza tuvo su efecto; se detuvo frente a ellas; una vez dentro casi no lo podían creer. El taxista tomo la Calle Aragón y tomo rumbo al Prat.

Sofía lucía especialmente guapa y tranquila, Luka a su lado no paraba de contar su día a día en el nuevo empleo, ha decido hacer unos cursos de capacitación y así poder ir ascendiendo, -si es posible- Tenía el apoyo incondicional de su amiga y esto le hacía sentir segura.

Una vez despidió a Sofía, tomo el tren de vuelta a Barcelona, llegaría a casa a eso de las 21:30 horas, tomaría una ducha y a la cama, estaba algo agotada por el día que había tenido.

En Barajas el avión no tuvo ningún problema, Sofía decidió tomar el metro desde allí era una buena opción, haría los cambios respectivos hasta la estación de Noviciado; allí mismo en un pequeño hostal tomo una habitación –era el de siempre- y se dispuso a descansar.

Mañana vería a su querido amigo, quedaron en la Plaza Real a tomar algo y hablar acerca de todo lo vivido.

Hacía un día brillante y caluroso, a pesar que la venidera estación esta al llegar; Madrid no esta dispuesta a dejarse llenar de ráfagas de aire frío anunciando el otoño.

Tomo el desayuno en la Gran Vía en un pequeño café, pidió el mismo té de siempre -sin más- saco una pequeña libreta de su bolso y se dispuso a tomar notas acerca de la ciudad.

Camino hasta el Museo del Prado y allí paso casi toda la tarde, viendo a Velásquez, Tiziano y Goya; Las Meninas era un cuadro que no dejaba de impresionarle desde su niñez.

Aquel edificio es la obra más ambiciosa del neoclasicismo español, un pequeño capricho de Carlos IV.

Llevo algo de comer consigo, se sentó en un pequeño mueble de una de las salas y de dispuso a comer el bocado –no siempre se tiene el lujo de comer en medio de obras de arte- Sabía que estaba prohibido, pero el bocadillo era tan discreto que nadie noto lo que ella hacía. Recordó a Carol y su estudio de museos.

El Prado es uno de los museos sencillamente placenteros de ver y caminar.

Al salir de allí cruzo el Parque El Retiro y pudo observar que habían hecho unos cuantos cambios, tomo un breve asiento y contemplo las fuentes y los transeúntes que llenaban el lugar, se trataba de suramericanos e inmigrantes que a su parecer dormían allí durante la noche.

Una niña con rasgos peruanos, se paro frente a ella, mirándole fijamente y regalándole una sonrisa, sus padres no se encontraban muy lejos de allí, descansaban en el césped verde del parque.

Camino de regreso por La Gran Vía y en la esquina de FNAC cruzo hacía La Puerta del Sol; la tienda le trajo recuerdos cuando conoció a Carol en Barcelona y sus tardes entre libros.

Las pequeñas calles que conducen hacia la Plaza Mayor conservan todo su encanto, hizo memoria de un escritor valenciano que las comparaba con algunas de la ciudad de Praga.

Allí en la plaza, la gente como cualquier otra ciudad, iban de un lado a otro, confundiéndose entre pintores y artistas ocasionales.

Tomo asiento en una de las sillas de un conocido café; abrió su pequeña libreta y de nuevo, se dispuso a tomar nota de los detalles de aquella famosa plaza en el centro de Madrid.

Un hombre de unos 38 años le miraba desde el asiento del lado, parecía estar muy interesado en ver cómo ella no paraba de escribir; ella noto su presencia, pero no quiso ponerse en evidencia.

Eran las 17 horas y un chico de acento argentino se presentaba a los allí presentes, con guitarra en mano, ofrecería un pequeño repertorio musical.

- Dedico esta canción a todas las chicas presentes, “El Amor Después del Amor”, dijo el mozuelo
Sofía levanto la mirada y el chico empezó a entonar la canción, se detuvo a oír cada palabra de la misma, sintió cierta nostalgia, pero solo quedo en ello.

El hombre que antes estaba cerca de ella; se encontraba de pie frente a su mesa y sin más, se presento a si mismo

- Hola me llamo José, dijo estirando su mano

Sofía levanto sus ojos y pudo verle con detalle, su mente experimento un extraño sentimiento

- Hola, soy Sofía

- Me permite sentarme

- Si, pero espero a un amigo, no tardará en llegar

- Vale no pasa nada, será solo un momento, sentí curiosidad por saber lo que escribes, dijo sin preámbulos

- ¡Ahh!, solo son notas tontas

- ¿Eres escritora acaso?

- Periodista, tengo una pequeña columna en un periódico de Barcelona

- Interesante, yo soy escritor, dijo él

Ella le miro algo incrédula, -hay mucho pillo en la vida- Contó que se ha mudado recientemente de Irlanda y ahora estaba de nuevo en su tierra.

Hernán apareció de pronto, por lo que Sofía se lleno de inmensa alegría, abrazándole colgada de su cuello, el momento duro unos cuantos segundos; José se sintió algo intimidado y fuera de lugar.

- Hernán este es José, le acabo de conocer, es escritor

- Mucho gusto dijo el joven reportero, que tomo asiento al lado de Sofía –era una mesa circular para tres-

Charlaron dos horas aproximadamente y fue tal la química que transcurrido aquel tiempo parecían amigos de años, no paraban de reir.

José le regalaba sonrisas oportunas y miradas a Sofía –ella respondía de similar manera-

Eran las 21 horas, cuando los tres decidieron levantarse e ir a cenar, caminaron juntos, Sofía en el medio de los dos –pero más cerca de José- Hernán estaba feliz de caminar de nuevo en las calles de aquella ciudad al lado de su mejor amiga.

La felicidad de Sofía era doble, a su lado caminaba su entrañable compañero y aquel chico que empezaba a ganar su atención.

Esa fue la última vez que les vi…

Fin.

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