Ana Rosa Quintana se lo monta con Nacho Vidal
Sofía siempre fue una chica con grandes aspiraciones, el día que eligió una ciudad para vivir, esa sería por supuesto Barcelona, existe una leyenda respecto a ella en muchos países, es la ciudad en la que Gabriel García Márquez vivió un tiempo durante su prodigiosa juventud y como él, grandes personajes de la historia contemporánea de nuestro planeta... En fin una ciudad, con mar y montaña, donde se conjugan miles de detalles arquitectónicos y del diseño más “IN” para convertirla en algo único e irrepetible, ya que en Europa, pocas ciudades pueden darse el lujo de mover senderos y ampliar calles.
Una vez allí decidió tomar un pequeño piso en el barrio del Raval, específicamente en Carrer de L´Hospital 64; había tenido suerte, un edificio con mejoras, color rosa y una puerta algo singular, de madera de pino con una claraboya, lo que recordaba la puerta de un restaurante famoso, o al menos esa fue la impresión que ella tuvo al verlo la primera vez.
Una vez allí, rodeada de tanta gente interesante a su parecer, cada día cruzarse en su camino personas de diferentes partes del mundo que allí viven, era una experiencia inolvidable, a unos pasos un museo y teatros en los que pensó invertiría mucho de su tiempo en conocer, pero para eso habría lugar.
Sus vecinos se repartían entre ancianos, recién casados, jóvenes en ERASMUS, etc., toda una muestra de lo que era aquel barrio que estaba a unos pasos de La Rambla. Una vez más su sueño se estaba haciendo realidad, pensó para si misma.
Ella se creía una chica inteligente y suspicaz, con mucho material propio por explorar debía hacer tantas cosas, que solo colocándolas en orden podría aclararse un poco. Esto no duro mucho, porque pronto aparecería en su vida Heikki un joven Finlandés que haría flaquear sus piernas y la llevaría a conocer lo que es estar “enanamorada”, en vez de enamorada.
Pasaron muchos fines de semana, en los que solo daba tiempo para comer espaguetis recalentados en los intervalos para descanso de tanta actividad sexual y amorosa; ella se sentía algo extraña y fuera del rumbo de sus planes; pero decidió no pensar más en ello y vivir, eso…. Vivir!
De esa época solo quedan los recuerdos, una depresión que le impide ir a su trabajo cada día y un montón de DVD de porno ibérico que usaban en su momento para experimentar miles de posicione y fantasías, esta allí sobre el equipo reproductor de DVD. Ella al igual que muchos de sus vecinos y españoles, prefiere ver los programas matutinos de Ana Rosa los cuales por su falta de contenido no le permiten pensar en nada; Solo faltaba eso!...
Un buen día, como dice una vieja canción; “decide ponerse el vestido nuevo que le regalo y sale a la calle buscando amor”…

noche dijo
Excelente...sigue escribiendo historias así, me gustará leerte
30 Abril 2006 | 12:24 PM