Por Siempre Estambul.
Si me pidieran que debo morir en este momento, respondería que ¡Sí! Rotundo, desde aquí puedo divisar parte de una ciudad que amo, desde el primer día que mis ojos le vieron.
Sentado en el café Pierre Loti, bebo una taza de Earl Grey, ese té maravilloso perfumado con bergamota, se confunde con el olor que viene arrastrado por el aire de la ciudad, a mis pies un viejo cementerio turco y mucho más allá llenando de pleno mi visión, parte del Cuerno de Oro y Asía, hace una tarde algo fría o debe ser la altura que hace que viento sople con más intensidad o al menos así me parece. José es mi nombre y venido de vacaciones a esta ciudad Mágica en la que fluyen un río de cultura de nunca acabar, donde se mezclan dos continentes llenos de historias, la tierra de Alejandro Magno, la bella y antigua Constantinopla; allí a mis pies Estambul, se prepara para ver morir un día más.
Estaba algo cansado de la caminata dentro del Gran Bazar, ese ruidoso mercado de tantas cosas pintorescas y maravillosas, las estrechas calles que lo forman parecen un laberinto sin fin, lleno de colores y cosas por descubrir, parece que estuvieras en búsqueda del tesoro perdido, a lo mejor es lo que busco sin darme cuenta.
Alguien me despierta de este sueño interno, drogado por el aroma y la belleza de la ciudad, con la taza entre mis manos, escucho una voz que me dice:
- ¿Esta ocupada?.. ¿Le importa si me siento?; pronunciado en perfecto ingles.
Al levantar la cabeza, una chica de 27 años aproximadamente, soy muy malo para calcular edades; esta allí delante de mí con una guía y su cámara de fotos en su mano, llevaba una blusa azul y un jean roído por el tiempo, esos que parecen que tienen una historia, como la que ella a continuación me contaría.
Estambul, tiene la magia de convertir a las personas, esa es mi impresión desde que he llegado aquí, es un sitio a dónde se viene a expulsar toda la desventuraza que se lleva por dentro, a dejar el agobio de las grandes ciudades a pesar de ser parte de una de ellas.
Se presento ella misma, con una discreta educación, parecía inglesa en las maneras, eso pensé.
- ¡Me llamo Nicole! Mucho gusto. A lo que respondí José! gusto en conocerte.
Siempre supe que aprender ingles serviría de algo y ahora ve que sirve de mucho, pensaba para mi mismo.
¡Ordeno una taza de té de menta y suspiro hondo!..
- Me siento muy feliz en esta ciudad, al menos puedo sentir que respiro... ¡Si! es así respondí inmediatamente.
El aire no dejaba se golpear nuestras caras; dijo que estaba allí para no pensar en nada, que la vida es dura a veces y lo mejor que puedes hacer es apreciar los buenos momentos que esta te ofrece, a lo acerté en mi mente, es cierto, ¡así es!.
Comenzó a hablar y a contar que esta es una especie de luna de miel con ella misma, que decidió a última hora no casarse, aplazando todos los preparativos de su boda y a plantar una relación de unos cuantos años, a los que no hizo referencia.
Dijo por primera vez se sentía libre y ella misma. ¡Pensé!, De eso trata la felicidad.

El Agente dijo
Constantinopla, Estambul. Centro del Mundo. Al menos en el siglo XIII lo era. Un mundo más pequeño que en el que ahora nos movemos. Pero más rico. La cristiandad y el islam divididas en mil escuelas y sectas. Y Constantinopla como centro de ese Mediterráneo tan rico y hermoso. Peter Berling lo refleja maravillosamente en "Los Hijos del Grial". Lo recomiendo.
9 Mayo 2006 | 02:20 PM