Barcelona. "Una Caja, Pastora y Desolado"
El pequeño piso de Mateo en el Example poseía un buen estilo, paredes blancas acompañadas de una azul profundo que contrastaba con el marrón de los muebles –tenía cierto gusto por las cosas buenas-. Romano hurgó entre sus cosas, una pequeña caja metálica había llamado su atención poderosamente, ya que en muchas oportunidades notó cierto recelo en Mateo guardándola cuidadosamente entre sus libros.
Miro la colección de discos y sonrió al recordar lo bien que se lo pasaba con su hermano algunas noches del viernes bebiendo cerveza y escuchando música, él le explicaba acerca de los grandes éxitos y qué se convertiría en un clásico con el paso del tiempo –se refería a los nuevos grupos y cantantes- Charlaban de su trabajo, amores y hacían “coña” de las situaciones que vivían cada día, una vez borrachos, bailaban como locos y caían en el sofá muertos de la risa. –Romano tenía la mirada perdida mientras que una sonrisa salía de sus labios- ¡Que buenos tiempos!...
- Me siento tan bien de haberlos vivido, solo queda eso. Dijo en voz alta llenando el vació.
Encendió la cadena de sonido de forma automática comenzó a oírse una canción que días atrás, él escucho en una emisora de radio, tomo la caja y leyó su contenido, era Pastora y su Desolado; permitió que la música continuará y tomo la caja metálica entre sus manos, abría con mucha facilidad, dentro de ella, un montón de cartas sin sellos –sin enviar- Extrajo una del sobre y comenzó a leer movido por la curiosidad.
En ella Mateo, escribía a su madre muerta, pero con fecha reciente, hablaba de sus problemas y lo mal que lo pasaba, le pedía su consejo y terminaba la misma, enviándole su amor y esperando su pronta respuesta.
Romano mantuvo la carta entre sus manos, no quería llorar y decidió que era un secreto de su amado hermano el cual, él no mancillaría por mera curiosidad; cerro la caja guardando la carta en el, prefirió tomar una cinta de vídeo de cuando eran niños y verla una vez más, como lo hacía con su hermano al reunirse. Se extendió en el sofá marrón y estiro sus piernas. Echaba de menos a su hermano, sin duda alguna…
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rafael dijo
Los objetos que han pertenecido a seres queridos, adquieren un valor sentimental importante, es una joya que guardamos en un sitio seguro, en nuestro corazón.
20 Agosto 2006 | 09:33 PM