New York II. "Una Taza de Chocolate ¡Por Favor!"
El ruido de la patrulla abriéndose paso entre los coches, no parecía perturbar a Clarissa, en lo más mínimo.
Conoció a Charles en la 5ª avenida una tarde de invierno, se encontraba totalmente perdida y él se prestó a enseñarle el camino. Tenía tan solo una semana de haberse mudado a New York, había encontrado un piso modesto en Brooklyn, la calle dejaba mucho que desear; algunos indigentes se arremolinaban alrededor de un fuego para calentar sus manos –es duro lo que algunos seres humanos hacemos para sobrevivir- A parte de ellos; cada invierno en esta ciudad mueren un montón de animales por congelación.
El le acompaño hasta la puerta de su casa, aquella chica de aspecto delgaducho, pero extraña belleza había "causado" algo en él.
- Hemos llegado, ¿Te apetece tomar una taza de café, té o chocolate?
- ¡Si! Respondió Charles sin pensarlo dos veces
El acaba de terminar su carrera de filología en Princenton –le había costado un “pastón”, pero con ayuda de becas y su trabajo en la biblioteca de la universidad había logrado terminarla. Esto le permitió a su vez explorar el mundo oculto de la institución –una de la más importantes del país- Contaba tan solo con 32 años en su almanaque, de los cuales había dedicado cuatro para escribir lo que él llamaba “Su Obra Maestra”. Algo que cambiaría en parte la visión que se tiene del gobierno de su país.
- ¿Por favor tienes chocolate? Amo esta bebida desde que soy un niño.
Clarissa le miro con cierto sentimiento maternal
- Si tengo, te haré uno
- Gracias
Ella se perdió en el pequeño apartamento de paredes blancas y azules, tenía una cantidad de libros, uno sobre otro, ocupaban todo un rincón. Un sillón de piel marrón y una lámpara de diseño –no recuerdo el estilo- Cerca del mismo producían un efecto interesante
Tomo asiento allí, era cómodo
–Debo tener uno como esté, pensó
La lámpara hacía una curva pasando por encima de todo y terminando casi sobre una pequeña mesa central de madera color amarillo; otras butacas completaban la escasa, pero elegante decoración.
Ella apareció en la puerta contigua, llevaba dos tazas blancas en sus manos, sostenidas por unos pequeños platos, debajo de ellas.
- Perdona que me presente así con esto, pero no tengo bandeja, estoy recién mudada y debo comprar algunas cosas
- No es importante, repuso él con una sonrisa
Charles era el tipo de hombre que posee un atractivo innato, su cabello castaño claro, era el marco de un rostro cuadrado y lleno de vitalidad, había trabajado desde niño, por lo que su cuerpo gozaba de cierta corpulencia, diferente a que se logra en un gimnasio.
- Veo que te has puesto cómodo, dijo ella con una sonrisa limpia. Sus ojos brillaban de una manera extraña
- Si, me gusta este sillón, creo que debo comprar uno para mí
- Son muy baratos, te diré la tienda dónde lo encontré
- Gracias. – ¿Así que tienes tan solo una semana de vivir en New York?
- Tan solo una semana. Repitió ella
- ¿Y estás aquí sola? –Noto que tienes acento ingles
- Ohh es tan solo una tontería, se lo debo a mi madre –Ella decía que si hablas con acento inglés, serás vista con cierto respeto a la hora de pedir trabajo, ¡Una autentica estupidez porque no me ha servido de mucho!
- En New York la vida es muy dura ¿Lo sabes?
- Si, pero Idaho me asfixiaba cada vez más; he tardado una semana en llegar aquí, he venido en tren y no pienso regresar
- ¡Vaya! Dura travesía. Charles aligeró la taza de caliente chocolate.
Debía asistir a una cita, alguien importante esperaba por él a eso de las 19 horas, se trataba de un encuentro primordial
- Debo dejarte…Tardo en pronunciar su nombre Cla…ri…ssa… ¡Si! Gracias por el chocolate
- Has sido muy amable Charles, me agradaría verte de nuevo
- ¡Seguro!... Ya sé dónde vives, dijo guiñándole con su ojo derecho y dándole un beso en la mejilla, cerca de su boca.
New York: I

angels dijo
genial tu historia, sigue muy interesante
1saludo ;)
10 Septiembre 2006 | 10:17 PM