Luego de esto; decidieron unirse al grupo de personas; todos esperaban iniciar el derrumbe.

Flora, le tomó de la mano y le incitó a correr; el viento frío les golpeaba la cara; él apretó su mano fuertemente, ella le miró sonriendo.

Ambos no podían explicar el sentimiento que les embargaba en estos momentos; a lo mejor era la energía reinante en el lugar.

Un estado de euforia llenaba el espíritu de los allí presentes.

- ¡Mario!... Este momento es inolvidable; estoy tan feliz

- Yo también. Dijo él de manera entrecortada

- No sé nada de ti; pero no me importa, hoy me siento feliz y por primera vez en la vida quiero hacer lo que deseo. –el cabello de Flora, parecía flotar alrededor de su rostro-

La esperada señal se dio; como prestos obreros, gente de todas las edades embargados de un sentimiento estoico, comenzaron a derrumbar los cimientos que les había separado de manera cruel. Nunca se habían visto tanta gente común haciendo lo mismo, hasta el más chico parecía muy diestro en demolición con un mazo en la mano.

Mario no se separaba de Flora -para ser sincero- Creo que él no estaba atento al hecho histórico que se daba frente a sus ojos; aquella mujer captaba toda su atención; ella tomaba ciertos descansos y volvía su atención al furtivo compañero; en algunas ocasiones le pasó su cincel y un trozo de pared que hacía de martillo. Ella, por el contrario, reía a montones, incluso en ocasiones llegó a dar pequeños saltos; con cierto aire infantil.

Mario se incorporó, le tomó por ambos brazos y se sopetón; le plantó sendo beso en sus labios; los ojos de Flora, permanecían abiertos, llenos de asombro; pero no ponía resistencia alguna. Mario le soltó con cierta brusquedad; ambos quedaron frente a frente; él lo tenía claro, ella le gustaba de manera imprevista y loca; algo que no parecía tener claro Flora.

- ¡Mario! Nunca beses a una chica que no conoces de esta manera

Él le miró con asombro y vergüenza…

- ¡Debes hacerlo así!... Devolviéndole un beso profundo, lleno de una extraña pasión.

El tiempo pareció detenerse en ese momento, todos corrían de un lado al otro, alrededor de ellos en una cadente algarabía. Todo esto, no parecía perturbar aquella muestra de amor; entre los personajes de nuestra historia.

Todo puede suceder cuando el ser humano es embargado en una especie de júbilo; cuando ve realizado un sueño de libertad, deseado por muchos.

Berlin: I II III