Berlín VII... "La Casa"
El camino a casa transcurrió sin problemas; se dirigieron algunas palabras. Aquella explosión de sentimientos había tomado cierta calma –a lo mejor debida al contagio del tumulto-. Flora habló de lo curioso de sus nombres; esto, hacía que la casualidad fuera mucho más que eso.
- Flora y Mario, suena muy bien –dijo ella- Como los personajes de Tosca.
Mario volvió su cara con asombro -no se había percatado de ello-. Siendo un fervoroso apasionado de la música clásica y ópera.
- Es cierto. –dijo Mario con una gran sonrisa en sus labios-.
- Pero nuestra historia es diferente, no tendrá un final fatal –Flora le miró fijamente a los ojos-
La pequeña casa típica alemana; se encontraba al borde de la carretera, muy cercana a un bosque, lleno de pinos. Cerca de otras del mismo estilo, formaban una pequeña vecindad. Su casa estaba pintada de azul claro con blanco; era el color que le habían mantenido toda la vida, sin cambio alguno.
Mario estacionó su wolkswagen, hacia juego con su casa. Ambos se dispusieron a salir rápidamente del coche. Flora se estiró un poco, un bostezo salió de su boca, que apresuro a tapar con su mano izquierda.
- Ven Flora entremos a casa, hace frío aquí afuera
Ella le tomo del brazo y se apresuró a entrar. Un pequeño salón color amarillo claro, les recibió, había unos muebles de madera algo antiguos, elegantes y de buen estilo a pesar de lo viejo que lucían. Una gran biblioteca llenaba una pared entera que contenía una cantidad de escritores clásicos con sus obras más selectas. En la parte derecha de la misma, textos de medicina, que Mario había usado durante su carrera.
- Es una hermosa casa... –dijo Flora-
- Es acogedora, me agrada estar aquí, es un pequeño regalo de mis padres. Respondió él
Ambos no esperaron más y se dedicaron a la labor de repartir besos por doquier, se apresuraron a despojarse de sus ropas.
Mario, beso cada parte de su cuerpo –creo que ni su sombra pudo salir ilesa- Ella permitió que él descargará una especie de furia en su cuerpo, su boca no dejaba de gemir a cada caricia y mordizco.
Él, parecía un diestro amante, especializado en caricias,lamidas y mordeduras. Poco a poco se consumieron siendo uno solo; llegando a su máximo apogeo. Quedando ambos exhaustos, sobre un sofá beige cubierto con mantas a cuadros.
Hasta la gran biblioteca había tenido lo suyo, cuando Mario, levantó a Flora y la recostó contra ella, varios libros cayeron debido al vaivén.
Dormitaron unos minutos sin saber nada el uno del otro.

Trini dijo
Que magnifica descripción de ese encuentro tan apasionado entre Flora y Mario.
Esperemos que tengan razón que ellos no acaben en un final fatal…ya les tengo cierto cariño.
Me encanta la descripción de la casa, especialmente de la biblioteca. Realmente debe ser acogedora.
Un saludo Antonio
6 Octubre 2006 | 06:19 PM