Berlín X... "Casta Diva"
Debían recorrer otros veinte minutos de regreso a Berlín en coche. La lluvia escasa y continua, prometía estar largo rato sobre todo lo que estuviera a su alcance.
Ambos no quisieron romper el silencio en el que ya habían estado sumidos; solo intercambiaron miradas llenas de “palabras”. Las cuales tal vez no llegarán a pronunciarse.
Los amantes guardan cierto temor profundo a la verdad, a tener que expresar sus emociones, cuando el tiempo apremia para luego más tarde lamentarlo de manera absoluta.
Mario, le ayudo con la cremallera de su vestido, acogiéndole en sus brazos una vez más. Fue un abrazo suave, no tenía esa característica que tienen los últimos abrazos –esos que dejan sin respiración y tratan de mostrar que estoy aquí, si deseas volver- No fue sutil, agradable; como el de dos cómplices que saben cuál es su destino; pero se sienten felices de su amor.
Este momento duró poco, aún así fue suficiente para sellar el encuentro. Ninguno de los dos quiso tomar una ducha; prefirieron guardar los restos de amor en su piel; perpetuando el deseo circunstancialmente aplacado.
Mario fue amable hasta el último momento; Flora lo permitió sin oponer alguna resistencia –no se conocía a si misma- Ahora tendría que escribir esta aventura amorosa, lo que era peor para ella, al revivirla con palabras sin dejar escapar detalle alguno.
Un pequeño paraguas amarillo, les acompaño de vuelta al coche; rieron a causa que el mismo no sirvió de mucho; Mario trato de cubrir lo posible a Flora, aunque fue un fallido intento.
Ahora ya se conocían mejor –algo- Y la complicidad se hizo parte de sus miradas.
- ¿Quieres que te lleve a algún lugar especifico de Berlín? –Preguntó Mario sonriéndole-
- Déjame en el mismo sitio, como si nada hubiese pasado –Flora sonreía sin parar-
- ¡Vale!
- ¿Puedes poner algo de música Mario?
Sin respuesta él se apresuró a encender el pequeño radio. Este también era cómplice de la situación.
Una Casta Diva de Bellini les imbuía en el melancólico sonido de Callas.
- ¡Es magnifica! Lo será por siempre –dijo Flora, mientras mantenía su mirada a través del cristal empañado-
Guardaron silencio, se sentían bien haciéndolo –algunas veces es lo mejor para los amantes-
El gentío era mucho mayor a cuando ellos decidieron buscar un mejor lugar; a lo lejos La Puerta de Brandenburgo podía verse.
- Ingo debe estar esperando cerca de allí. Dijo Flora sin más
- ¿Quieres que te deje por aquí?
Ella volvió su mirada, como en una especie de despedida.
- Me quedaré más adelante, sino te importa
Mario, continuo lentamente abriéndose camino entre la gente con su coche. Era una algarabía total ¡Sin duda alguna! Ellos a cambio, continuaban sintiéndose presos de sus destinos.
- ¡Es él! Dijo Flora señalando a un hombre de unos 38 años, alto y corpulento
Mario detuvo su coche; Flora le propició un fuerte abrazo, fueron unos segundos. Le besó por última vez y bajo de manera apresurada.
Corrió hacia donde se encontraba aquel hombre llamado “Ingo” –tal y como ella lo había pronunciado- Y se abrazó fuertemente a él; ambos celebraban su encuentro, a él parecía no molestarle nada en absoluto.
Mario observó la escena sin más, giro en sentido contrario, su coche se perdió en medio de la multitud. Flora volvió su cabeza buscándole, pero él ya no estaba allí.

Trini dijo
Antonio,
No podías haber escogido mejor música para ambientar la despedida. La Callas suena magnífica mientras se lee el artículo. Que bien describes estas situaciones tan llenas de contrastes maravillosamente equilibrados: palabras dichas en silencios, despedidas llenas de suavidad y felicidad, libertad y aprisionamiento….y como telón de fondo, formando parte de ese maravilloso escenario: la lluvia y la radio.
Genial.
Me da pena por el pobre Mario…no sé porque me da que, aunque Flora le eche de menos, él va a ser el gran perdedor de toda esta historia. Espero equivocarme, sinceramente.
¿Cuánto de Mario hay en nosotros? ¿Por cuantas Floras no habremos llorado?...vaya ya me puse melancólica…lo dejo...no quiero volver a la situación de dos días atrás.
Un saludo, Antonio
12 Octubre 2006 | 04:32 PM