París... "La Llamada"
Después de aquella llamada telefónica nada volvió a ser igual. Era el invierno del 2006 y el frío se hacía sentir con mayor intensidad. Era un frío extraño, gélido, húmedo que parecía inyectarse en todas mis articulaciones; no soy hombre viejo, pronto haré 39 años y mi cuerpo a veces me reclama cuidados como si se tratará de un anciano.
Aquella noche me era difícil conciliar el sueño, como si se tratase de una premonición –que resulto ser muy acertada- a pesar de haber bebido un té concentrado de hierbas para inducirlo, este se alejaba cada vez de mi; intenté leer algún libro pero esto me despabiló mucho más; eran como las 5 de la mañana cuando el ruido del teléfono, sonó como algo ensordecedor –extraño, tengo pocos amigos y los pocos que existen, no llamarían a estas horas de la madrugada- así que me incorporé despavorido y lo levanté con rapidez –estaba helado- al parecer todo en la casa lo estaba.
- ¿Sí? Pregunté con cierta curiosidad. Una voz algo ronca de una mujer mayor, contesto de manera apagada y llena de congoja.
- ¿Es usted Jean Valjean?
- ¡Si el mismo! Respondí casi de inmediato. Mi cara empezaba a llenarse de una especie de calor que le sonrojaba.
- Su tío Claude Valjean ha muerto, debe usted venir pronto a París, tengo instrucciones al respecto
Permanecí callado unos segundos –creo que fueron unos siete u ocho- trataba de recordar, si quedaba algo de mi familia; se trataba de un hermano de mi fallecido padre al cual no veía desde hace mucho tiempo.
La mujer me proporcionó toda serie de datos y me pidió que viajara pronto a la ciudad luz, para estar en el funeral de este. La noche se había completado, tal cual pastel al que solo le falta una guinda para estar terminado. Tomé el papel en el que había escrito todos los detalles, lo doblé, guardándolo posteriormente en mi cartera.
Estuve pensativo un largo rato, tomé asiento y me llevé ambas manos a mi cabeza –solo esto faltaba- mi situación últimamente no era la mejor de mi vida, sin empleo y en soledad –¿Se puede pedir más?-
Me dispuse a preparar un equipaje ligero; una vez hecho, me di una ducha para luego ir a la estación de central de trenes de Normandía; allí tomaría el primer tren a París; esta vez camino de regreso a la ciudad que había abandonado hace mucho tiempo.
Maleta en mano, baje hasta el portal del edificio; la bufanda, abrigo y guantes, parecían insuficientes para el inclemente frío que llenaba las calles húmedas de esta ciudad; los adoquines de las calles, aún relucían en una especie de agua nieve caída la noche anterior, lo cual dificultaba aún más mi caminata –ya sabéis vosotros lo difícil que es caminar con calzado formal en estas condiciones- así que decidí tomar un taxi y llegar más pronto de lo previsto. Este se detuvo frente a la estación y una vez allí, pude comprar un pasaje que me llevará directamente a mi destino –esta vez, París, no sería agradable a mis ojos; asistía a un funeral que me convertía en el último linaje de la familia Valjean –nada grato a mis 39 años- me apresuré al andén y busque el vagón donde estaría mi asiento; di una ojeada al boleto y ciertamente se trataba del número 10, asiento 7 –había elegido una ventana, así tendría unas buenas vistas durante mi viaje- en megafonía el primer anuncio de llamado para el tren con destino París...

Rommy dijo
me gustó mucho... es muy natural, muy elocuente, muy sencillo y eso agrada.
Besos
15 Diciembre 2006 | 08:53 PM