París III... "La Llegada"
En un breve momento, como si se tratase de un –mirabile dictu!- en lo profundo de mis pensamientos sumergidos en la lectura, pude ver a mi tío Claude de la mano de Dante y Virgilio el poeta latino, en medio de los círculos del infierno; allí pagando por mi orfandad –es difícil perdonar ciertas cosas- como lo es estar solo con 22 años y no saber qué hacer. Subí la mirada y podía ver como el tren se adentraba en París, empezaban a aparecer sus techos azul-grises, sus balcones con sillas metálicas delgadas, acompañadas de mesas estilizadas donde los parisinos toman su desayuno y meriendas en los meses estivales.
Los altavoces anunciaron nuestra llegada a Austerlitz; en medio de una especie de pereza moral, me incorporé de mi asiento y me dispuse a tomar mi pequeña maleta; guardé dentro de la mochila mi libro y reproductor de Cd; acerándome a la puerta a esperar que el tren se detuviera en el andén correspondiente. Ajuste mi bufanda y subí las solapas de mi abrigo, sabía muy bien que al abrirse las compuertas, entrarían los demonios gélidos de la ciudad –ya lo podía ver en los rostros de quienes esperaban con ansiedad la llegada de sus familiares y conocidos. En un breve momento; me pareció leer un cartel en manos de un hombre vestido de negro con mi nombre en letras azules. Se encontraba entre la multitud que aglomerada daba la impresión de no permitirnos abandonar el tranvía.
Una vez abajo, el hombre de unos 42 años se acercó a mi, como si me conociera de siempre.
- Es usted el Monsieur Jean Valjean? Dijo mirándome con cierto aire de reverencia
- ¡Si, el mismo! Respondí con cierta excitación y asombro. –tenía curiosidad del por qué de la espera-
- Monsieur Jean Valjean, estamos esperando por usted en la funeraria, las exequias ya han iniciado, pero la cremación se llevará a cabo solo cuando usted haga acto de presencia
Aquel hombre con perfecto acento francés parisino me indico que le siguiera y accedí sin pensarlo. No sabía que el tío Claude tuviera una servidumbre tan lujosa en una ciudad donde lo único gratuito es el aire.
Un coche negro, para ser preciso un Mercedes Benz, brillantemente limpio lucía como una pequeña joya a las puertas de la estación.
- Monsieur, perdone el no haberme presentado mi nombre es Pierre y me encargaré de su trasporte en la ciudad. Exclamó con ciertos modales algo exagerados, abrió la puerta trasera y me ofreció un asiento, posteriormente guardó mi pequeña maleta en la cajuela del coche.
La ciudad había cambiado notablemente durante mi ausencia; algunos edificios vanguardistas rompían el equilibrio guardado durante siglos por sus urbanistas. Aún así continuaba siendo una de las más hermosas ciudades del mundo. A lo lejos pude ver la Torre Eiffel; seguía siendo el ápice del orgullo parisino –sin duda alguna- bajé el cristal de la ventana y el aire contaminado ascendió por mi nariz con una fuerza casi indescriptible, el olor del Sena unido a los árboles plataneros esparcidos por toda la ciudad, impregnó mi mente de recuerdos infantiles, solo faltaba el de algodón de azúcar y la fragancia estaría completa.
El coche se detuvo frente a una lujosa funeraria, pude ver gente elegantemente ataviada agrupada afuera que fumaban y hablaban con gestos estoicos desafiando el frío reinante.
Una mujer de algunos 65 años, de cabellos grises y porte austero pero formal, al ver el coche, se apresuró a caminar hacía mi al verme descender del mismo.
- Permíteme presentarme soy yo quién le ha llamado esta madrugada, me llamo Haydèe soy la ama de llaves del Monsieur Claude, estoy a sus ordenes –Esperamos por usted para continuar con el funeral
Me tomó el brazo derecho y suavemente me indicó al camino a donde se encontraba el ataúd de mi famoso tío –así me lo parecía- ahora que estoy aquí…

Heridas dijo
Tercera parte fabulosa, como las dos anteriores.
Coincido en el recuerdo olfativo que pueden traer personas, cosas, lugares que estuvieron presente en etapas anteriores de nuestra vida.
¿Qué le deparará al humilde protagonista entre tanta gente de clase? Lo veremos pues en la siguiente entrega jeje. Un beso Antonio
18 Diciembre 2006 | 07:32 PM