París IV... "El Funeral"
Al entrar en el salón el olor a rosas y lirios fue lo primero que sentí unido al calor de los cirios en mi cara. Todo era de un blanco marfil, hasta el suelo hacia juego con ello; era amplio y sencillamente elegante. Haydèe –así me dijo que se llamaba aquella noble mujer- no retiro su mano de mi brazo; varios hombres que se encontraban allí, al verme pasar hacían una especie de reverencia.
- Todo esta dispuesto como él lo quiso. Dijo ella, en tono casi solemne
- ¡Si ya lo veo! Repuse sin reparos
- Tu tío gozaba de gran renombre en esta ciudad, se le daban bien las finanzas e inversiones, he allí el secreto de su fortuna
Permanecí callado ante el desvelo del secreto que encubría tanta pompa –bueno, secreto para mi- que era el último en saberlo. El salón amplio se cerró en una especie de círculo perfecto como si se tratase de una abadía; allí en el medio, un ataúd color café claro –si ese era el color- como si se tratase de un caramelo moka, pulidamente brillante y apetitoso –no sé qué cosas pienso- se trata de un ataúd, no puedes compararlo con una golosina. Mis pensamientos me estaban jugando una mala pasada –de esto se trataba- debía continuar más bien callado y esperar que los acontecimientos acaecieran por si solos. Era mera curiosidad saber qué había sido de la vida de este viejo solterón en todos estos años. Alguna vez, él dejo mensajes en mi buzón de voz, pero nunca los respondí; incluso hizo una transferencia bancaria, la cual pedí que fuera devuelta. Él, hacia sido duro conmigo cuando decidí vender todo e irme de París; incluso llego a decirme que de ahora en adelante él sería una especie de tutor para mi; a lo que no hice caso alguno; mudándome sin ni siquiera despedirme –no sé, si he obrado mal- pero la incertidumbre unida al desconsuelo de la situación, apenas me permitían pensar lo necesario.
Haydèe, me llevó hacia un lado del ataúd, dejándome allí de pie, con todos los ojos de los allí presentes encima mío. Me acerque poco a poco y allí estaba, con una especie de sonrisa placida, como si supiera de mi llegada y me recibiera con la mejor de sus caras.
Tuve cierto pesar, casi similar al ver los dos féretros de mis padres. Era el único linaje viviente de los Valjean y creo que no sabía como llevar esta carga de aquí en adelante. Haydèe se acerco como si no quisiese interrumpir la muda conversación que manteníamos ambos.
- Dentro de una hora le incineramos, fue su deseo -Detestaba permanecer en un agujero. Dijo la mujer, parecía que aún recibía ordenes de su señor
Le mire con cierto desconsuelo, pensé en abrazarle y llorar desconsoladamente, como lo hacen los familiares ante la pérdida de sus seres queridos –pero no fue así-
- Si, me parece correcto. Le contesté sin más
- Luego del funeral, debo hablar con usted Monsieur. Asentí con mi cabeza a sus palabras.
Levante mi cara y mire alrededor, todos deseaban venir a darme el sentido pésame, pero creo que mi actitud de persona poco dolida; no les motivo de manera alguna. Aún así algunos dijeron que lo sentían.
Por un momento me ví, esparciendo cenizas en lo alto del viejo cementerio de la ciudad; la última vez que estuve allí me quedé viendo con cierta avidez la columna de la Place Vendôme y la cúpula de Los Invalides, nunca antes me habían parecido tan hermosas…



adrys dijo
Hola Antonio,
No se porque el personaje de Jean Valjean me emociona, como que hace que me interne en èl he imagine lo que èl percibia desde su mente, desde el principio del relato.
Esperamos la siguiente...
Adrys...
21 Diciembre 2006 | 01:17 AM