París V... "La Llave"
Coloqué las cenizas en la cómoda a la entrada del salón. Todo había terminado –tanto afán en la vida, para terminar siendo nada- Haydèe me había dado una carta con un lacre rojo, deseaba estar a solas para saber de qué se trataba. Una vez en aquel pequeño pero hermoso piso, me senté en una pequeña silla cerca de la ventana; ofrecía una vista preciosa de Notre Dame, sus luces aún permanecían encendidas y una pequeña lluvia de agua nieve se cernía sobre la ciudad; el frío se hacía cada vez más intolerable.
Tomé el sobre color beige entre mis manos; tenía escrito mi nombre con letras de lo que parecía un estilo gótico temprano –muy elegante a mi parecer- sacudí tirando del fondo hacia abajo, cayendo del interior del mismo una llave algo vieja y oxidada acompañada de una corta nota, con lo siguiente:
A pesar del cansancio y todas las novedades a las que tuve que enfrentar en este día; mi curiosidad me ofreció las fuerzas suficientes para salir a las calles empedradas de París e ir directamente a la librería que mi tío regentaba desde hace muchos años en la Rue Saint-Germain de Prés; era una de las más importantes de la ciudad, donde famosos escritores presentaba sus libros -así lo tenía entendido- ganando una sana reputación al conocer gente interesante de todos los ámbitos y escalas sociales. Esto le sirvió de mucha ayuda en sus proyectos.
En realidad no era un hombre rico –fue la impresión que tuve al inicio- sus amigos por el cariño que le profesaban habían querido ofrecerle un funeral digno de su amistad; sus pequeñas inversiones le permitían vivir holgadamente. La librería era su gran pasión, allí pasaba los días, leyendo y asesorando a las personas que se acercaban a comprar literatura. Haydèe me contó que le conoció de esta manera; le proporcionó gratuitamente algunos ejemplares que ella disfruto leyendo una y otra vez; era una chica humilde y sin mucho futuro entonces él le ofreció un trabajo modesto en su casa, poco a poco y dueña de su confianza llego a ser su mano derecha; ahora ella estaría al pendiente que yo cumpliera sus últimos deseos.
Al salir a la calle, el frío quemaba mi cara. Ajuste el gorro negro casi hasta el limite de mis cejas, la bufanda parecía no protegerme al igual que al abrigo, aún así nada podía parar mi carrera, quería saber qué abría aquella pequeña llave. Di un traspié, sin perder el equilibrio y continué por las calles solitarias de la ciudad, solo yo podía estar allí fuera a las orillas del Sena y con el viento rompiendo toda quietud reinante. Bastaron unos cuantos pasos para llegar a mi destino.
Me detuve frente a “La Librairie”, me pareció nunca haber estado allí o mejor dicho no le había visto con detalle -al pasar después del funeral, regreso a casa con Haydèe- sus largas ventanas de cristal lucían empañadas y la luz nocturna que debían tener se encontraba apagada, un pequeño cartel colgaba en la puerta “Ferme par Duel”, extraje mi mano derecha de mi abrigo –parecía que se me congelaban, había olvidado los guantes- con las llaves que ella me había dado junto a las del piso; Haciendo hincapié, que entre ellas estaba la de tienda -como si supiera perfectamente lo que haría- y así fue. Una de ellas caló perfectamente en la antigua cerradura y la puerta emitió un pequeño crujido seco-congelado; permitiéndome entrar en ella, como si se tratase de un pequeño ladrón conocido. El olor a libros nuevos emergió como si se tratase de una especie de elixir intelectual…



Marcos Acosta dijo
Mi querido Antonio no dejas de sorprenderme de la capacidad creativa que tienes y la manera de plasmarla, como dan giros tus tramas y lo emocionante que se van tornando, ahora que abre esa llave? bueno ya veremos, tambien te deseo en estas fechas mucha salud principalmente, bienestar y felicidad, de mas esta decirte lo que te quiero y lo interesante que siento que estemos unidos por estos sitios ciberneticos en donde reflejamos mucho de lo que somos y sentimos... Un gran abrazo mi hermano... y Feliz Navidad....
Tu hermano
Marcos Acosta
22 Diciembre 2006 | 01:19 PM