París VIII... "Hijos de Don Quijote"
Ya casi amanecía, la noche transcurrió de manera muy rápida, no me sentía cansado, más bien algo apenado con tantas emociones juntas. Me incorporé y estiré mi cuerpo lo más que pude –un psiquiatra amigo mío, me había dicho que debía hacerlo cada mañana para que el día fuera bien- y así lo hice. Fui al pequeño lavabo y enjuague mi cara con agua fría, estaba helada; pero me despejó aún más. Necesitaba un té, revisé entre las cosas de mi tío, pero no encontré nada dispuesto para poder hacerlo; así que me abrigué lo suficiente como para volver a la calle de nuevo.
Mi cabeza no paraba de emitir pensamientos con respecto al libro, hasta llegué a sentirme mal por no tener un hijo al que pudiera delegar parte de la tarea y poder esquivar la mía en buena proporción. Llevé los folios escritos conmigo, en una cartera de piel marrón, donde quedaban justo a medida. Era vieja pero en muy buen estado –creo que es de la época de mi abuelo- por el estilo clásico puedo advertirlo. Lo coloqué debajo de mi brazo izquierdo y junté mis manos para frotarlas un poco y así calentar los guantes –sé que esto suena a locos- pero es una costumbre que tengo desde niño; mi madre siempre me decía que no servía de nada –y parece que tenía razón- el frío hacía estragos en mi. Aún así decidí darme una vuelta por la ciudad; hace mucho tiempo que no camino por ella. Sucede que cuando lo hago, no sé a dónde mirar, ya que todo lo que mis ojos contemplan es hermoso y lleno de historia –seguro que me servirá de inspiración- para empezar a escribir, pensé.
Siento algo de preocupación porque nunca fui bueno para las letras; suelo leer con frecuencia y prefiero los clásicos pero, ¿escribir?, no sé si se me dará tan bien como a mi familia. A lo mejor debería de buscar un “negro” que lo haga por mí; pero estaría rompiendo la tradición y los deseos de mis congéneres –no sería sensato de mi parte-. Tomé un atajo que me condujo al Canal Saint Martin allí en medio de la tranquila navidad que iniciaba su día; la ciudad parecía más tranquila y llena de solaz. Llegaría hasta La Bastille y luego tomaría un autobús para volver a casa.
Un grupo de tiendas de campaña, llamó mi atención; no parecía creíble que alguien con este tiempo se le diera por acampar a sus anchas en este canal de París; a medida que me iba acercando pude ver que se trataba de una protesta por los “sin techo” de la ciudad; me detuve a ver con atención en que consistía y era un grupo de chicos que realizan una especie de trabajo social por estas personas y dicen llamarse “Hijos de Don Quijote” –bonita labor- estas cosas tiene su mérito; pero no solo deberían darse en esta época del año, sino durante todo el resto –la gente necesita de otros todo el tiempo- es algo que sé a pesar que parte de mi vida ha transcurrido en soledad.
Me agradó estar allí y de cierta manera ser protagonista del hecho, así que tomé asiento y olvide mi té caliente y extraje de la bolsa parte de los folios y comencé a leerlos: “Todo empezó en Waterloo, cuando nuestra familia fue parte de esa batalla”… mi lectura fue interrumpida por una imagen que por un momento parecía desfigurada debido a mi mirada puesta en los escritos familiares.
- ¡Hola, me llamo Chloé! ¿Puedo sentarme a tu lado?
Le miré con cierto grado de perplejidad –no suelen ocurrirme cosas así- se trataba de una chica de mirada algo triste con cabello castaño ensortijado, cayendo sobre su rostro, llevaba un abrigo color marrón oscuro, que le cubría hasta el inicio de sus botas del mismo color.
- ¡Si!.. Puedes sentarte, contesté con timidez...


Antonio Alviárez dijo
Aquí esta el nuevo episodio de Jean Valjean. Saludos
28 Diciembre 2006 | 06:54 PM