París IX... "Le Desert"
Había espacio suficiente para tres personas en el banco de madera oscura. Ella tomó asiento a mi lado y no dejo de mirarme directamente a la cara.
- ¿Eres escritor? Pregunto con cierto aire de curiosidad
- ¡Oh No!.. ¿Te lo parezco? – Creo que tendré que empezar; era algo que nunca me había planteado y no sé cómo hacerlo. Sonreí
- Pues, tu rostro ya posee de cierta manera este aspecto - ¿Eres de París?
- No. Repuse con rapidez. – De Normandía, bueno he nacido aquí, pero he vivido siempre allí
- Lo supuse, la gente de esta ciudad es inconfundible. – ¿Tienen ese aire de no sé qué? Dijo ella, como si tampoco lo fuera
- Soy de Argelia; mis padres me trajeron consigo hace dos años
- ¿Y están ellos aquí? - No, murieron a causa de una enfermedad en los pulmones
- ¿Ambos?...
- ¡Si!
- Pero si eres aún una niña
- ¡Bueno tengo 17! Aunque aparento algo más
Quedé algo sorprendido; permanecí en silencio y mi mente dio giros de malos pensamientos acerca de esta pequeña adolescente. Una chica que vaga por las calles de la ciudad; sin hogar, familia, que duerme en las calles –no creo que sería de confiar- aún así en su mirada había una luz de pureza y sinceridad, como pocas he visto en la vida. Permanecí callado sumergido en mis pensamientos.
- ¿Te he asustado? – No soy tan mala, como piensas
- ¡No! Perdona, pensaba acerca de tu vida aquí en París
- Tengo algunos amigos, todos “sin techo” al igual que yo, nos apoyamos y compartimos lo que tenemos - Nunca falta algún abusador, he aprendido como arreglármelas
Pude ver que sabía defenderse por si sola; a pesar de todo algo no quedaba claro, su acento francés era casi perfecto; se trataba de una chica lista –esto sin duda- aún así, una especie de sentimiento entre compasión y desconsuelo me invadió. Era irónico, ya que nunca he sentido este sentimiento familiar del que ella me hablaba -me refiero a sus amigos-
- No quiero molestaros más. Dijo ella incorporándose del asiento - Estoy feliz que esta gente ha venido a ayudarnos a pasar el invierno
- ¡Si! Muy cierto, repuse con energía
- ¿Deseas tomar un café conmigo?
- No suelo aceptar cosas de extraños, ya sabes siempre quieren algo más y no estoy dispuesta a nada, prefiero morirme de hambre primero
- ¡No! Lo siento, no es mi intención, solo quería desayunar acompañado, he tenido una noche algo rara
- ¿Allí hay un café, podemos ir allí mismo? Pregunto ella
- Si, me parece perfecto
Juntos caminamos hacía un pequeño café a las orillas del Canal San Martin. Emilie Simon se podía escuchar a lo lejos. Aquella pequeña niña frágil caminaba a mi lado –a pesar de sus heridas- se trataba de una especie de muñeca abandonada y rota. Reflexioné brevemente y mi vida no había sido tan dura como yo lo creía...


Coenjín dijo
Gling-gling-gling....gling-gling-gling.....gling-gling-gling-gling-glingggggg!!!!!
Felices fiestas.
Conejín
30 Diciembre 2006 | 05:02 PM