París X... "Chloé"
El pequeño bar nos recibió con una bocanada de aire tibio. Era gratificante a mis huesos que siempre se quejaban del frío invierno –cosa a la que no hacia mucho caso- estos llamaban mi atención, recordándome que ya no era un niño.
Deje que Chloé eligiera la mesa; ella se sentía halagada y a pesar de su porte desarreglado, tenía un aire de elegancia que no podía ocultar bajo aquella ropa. El dueño del café, se mostró algo receloso al verle entrar; parece que le conocía y sabía de qué tipo de persona se trataba. Me sentí molesto pero trate de disimular, a mi paso por la barra le estiré un billete de 20 euros por adelantado; el cual recibió y cambio su semblante –siento enorme vergüenza al ver el dominio del dinero en el mundo- Chloé se sentó y me invito a que yo también lo hiciera frotándose ambas manos, tratando de calentarlas. Sin ni siquiera notar el desaire de aquel hombre.
- Puedes pedir lo que desees, yo te invito. Dije con rapidez
Ella emitió una mirada de felicidad –sabía que no había comido bien en mucho tiempo- así debía ser la expresión de Hansel y Gretel al estar frente a la casa de dulce y chocolate de la bruja mala. Parece que estás historias siguen estando vigentes en nuestra época; solo que los protagonistas son seres vivientes que tratan de sobrevivir en esta bella Europa, que se capitaliza cada vez más y más.
El camarero con cierto aire estirado, se acerco, echándole un vistazo a las uñas de mi amiga que lucían cortas y sucias. Ya sabéis que en el Canal Saint Martin, los cafés no son para la plebe de la ciudad, sino para quien puede pagarlos y allí estábamos sentados en uno de ellos. Saltándonos las reglas del juego social. Yo le pedí que nos diera tiempo de pensar nuestro pedido -así ayudaría a mi pequeña Cossette- me recordó la novela preferida de mi padre, de dónde provenía mi nombre que conjugaba perfectamente con el apellido que poseíamos.
- Quiero tostadas, mermelada, mantequilla, un huevo frito y bacón. Dijo con cierta vergüenza
- Es un desayuno muy americano Chloé, le dije sonriendo
- Así he visto que lo piden muchos turistas que vienen por aquí, y una taza grande de té
- ¡Muy bien! Le respondí, al mismo momento que levantaba mi mano para llamar al camarero “chovinista” – Pediré lo mismo para mí, es una buena elección
Chloé sonreía y mostraba su dentadura impecable que sobrevivió a las vicisitudes. Me preguntaba si su interior era igual de brillante e impecable –me sentí molesto conmigo mismo por hacer este tipo de elucubraciones acerca de una persona, que apenas conocía-
- ¿Dígame usted Monsieur? Guardó silencio momentáneamente y retomó la palabra ¿Qué quiere de mí? Susurro acercándose a mí
- Nada Chloé, nada solo quiero tu compañía tal y como es ahora
Parecía no entender mis palabras –ni yo mismo, sabía por qué decía esto- pero aquella nobleza había calado dentro de mí, sin apenas notarlo.



Marianela dijo
Que bella
6 Enero 2007 | 04:05 AM