París XI... "Mis Pensamientos"
Luego de las palabras dichas, todo lo demás fue silencio. Ambos devoramos el desayuno sin apenas notarlo; en varias oportunidades ella me miró fijamente y pude ver su agradecimiento en ellos –no era nada pensé mientras mordía algunos trozos de pan y croissant- para ella a lo mejor si. Apresuré la bebida y saqué de mi abrigo una pequeña libreta de hojas desprendibles, tomé una y con mi bolígrafo, escribí en ella mi nombre y la dirección de la librería; la acerqué a su taza de té y ella le miró con atención.
- Es la dirección de mi trabajo, es importante que no la pierdas. –Cuando lo desees acércate por allí, estaré arreglando algunas cosas
Ella continuaba mordiendo un bocado, hizo una pequeña pausa y acompañado de un pequeño movimiento de cabeza
- Monsieur Jean Valjean, es usted muy generoso; pero temo que detrás de todo esto hay algo oscuro que no termino de comprender
- No te preocupes Chloé, puedes pensar lo que quieras, estás en tu derecho - Pero no se trata de nada malo
Ella se llevó la taza de té a su boca y bebió un sorbo; tragó y me miró con cierto asombro. Hice un pequeño gesto con mi dedo índice sobre mis labios. Ella sonrió una vez más y comió su último bocado de pan. Ella notó mi nerviosismo y apresuró el paso para terminar su comida. No quería dejarle allí sola –sería de mala educación, siendo yo quien le invitó- volví la cabeza y miré a través del cristal; parecía que alguno de sus amigos charlaba con otros haciendo señas hacía el café donde nosotros nos encontrábamos. Creo que el no dormir la noche anterior y tantos pensamientos juntos me hicieron actuar de una manera muy común en esta ciudad. Supongo que sus camaradas, sentían preocupación por su joven doncella. Ella también les miraba de igual manera y pude ver de reojo como guardaba unos trozos de pan en su chaqueta, supuse que era para ellos o a lo mejor para más tarde.
- Debo irme Chloé, quiero dormir un poco y así descansar, he tenido unos días algo extraños -Han sido muchas emociones juntas
Ella me miraba sin entender del todo mis palabras aisladas. Nos levantamos y noté que ni siquiera nos habíamos quitado los abrigos; así que la ida fue mucho más rápida que la entrada para la tranquilidad del dueño.
Afuera de nuevo el invierno continuaba haciendo de las suyas –es malo abrigarse dentro, porque cuando sales lo pagas muy caro- y así fue. Ella parecía estar más cómoda, su cabello flotaba en el aire debido a la pequeña ventisca que había en ese momento.
Subí el cuello de mi abrigo y me despedí de la pequeña, dando vuelta de inmediato, luego de despedirme. Aceleré mi paso, cuando ella me tomó del brazo derecho deteniendo mi paso, sus ojos brillaban de felicidad
- Gracias una vez más
Le miré y ella se estiró un poco, dándome dos besos –uno en cada mejilla- luego se retiró y quedó allí de pie –creo que hasta perderme de vista-. Caminé casi sin rumbo, me detuve frente a la pirámide del Louvre, desde allí sentí las ráfagas de aire que provenían de Les Champs-Elysées, era un aire cargado de olores florales y de de pino; cerré mis ojos por un momento y grabé aquel perfume en mis recuerdos.

La Niña dijo
Haces que me meta de lleno en la historia y la viva como mía. Precioso Antonio. Un saludo
8 Enero 2007 | 11:17 PM