París XII... "Resaca Emocional"
Un largo descanso me sacó de la resaca emocional en la que venía sumergido. Había olvidado mis escritos a los que debía parte de mi vida de aquí en adelante. Con el cabello en mi cara y mi rostro hinchado de tanto dormir. El sol iluminaba por completo la ciudad; desnudo y protegido del frío por el cristal del ventanal, miraba como la gente iniciaba su día; creo que hasta alguien desde la calle se detuvo a ver mi blanca desnudez –lo que no me importó en absoluto- deberían de visitar Ámsterdam en verano. Me había parecido escuchar los pasos de Haydèe, por el viejo piso –creo que arreglaba algunas cosas en la cocina.
Permanecí allí de pie; pensando en no sé qué; a lo mejor no me convencía mi nueva vida en esta ciudad. El calor del sol cubrió la totalidad de mi cuerpo allí de pie; cerré mis ojos y recordé las tibias tardes de primavera en La Provence, cuando pasábamos largos fines de semana allí. Volví la espalda y busque el albornoz blanco con el que guardé el calor de mi cuerpo. Quería darme una ducha antes de volver a La Librairie. Mi tarea debería empezar lo antes posible; nadie requería mi premura; se trataba de una imposición personal –me agradaba tenerlas- pensaba mientras iba camino a la ducha. Una pequeña nota encima de la mesa, llamó mi atención.
Monsieur Jean:
Estaré en la librería. He dejado el desayuno servido, he seleccionado algo frío, para que así no deba calentarlo; su té se mantiene caliente en la tetera, tal y como es de su agrado.
Haydèe.
Pospuse mi ducha y me senté a desayunar, necesitaba energía, hojee Le Figaro, uno de los titulares anunciaba que el presidente consideraría la petición de Los Hijos de Don Quijote y prometía resolver el problema habitacional en el país; mucho más adelante que pretendían realizar la misma manifestación en Barcelona y un grupo de “sin techos” viajaría hasta esa ciudad. Pensé, si Chloé viajaría entre ellos –me agradaba la idea de volver a verle- devoré lo último que quedaba de pan con mermelada y me levanté rápidamente de la mesa y fui a tomar una ducha que no duro más de media hora.
Preferí usar un vaquero desteñido y un jersey negro, anudé mi bufanda del mismo color alrededor de mi cuello y una chaqueta azul oscuro; llevaba los guantes en la mano, por si el frío aumentaba en cualquier momento del día en el que tuviera que salir nuevamente a la calle.
Tomé un atajo por una calle estrecha; muchos transeúntes iban de un lado a otro llamó mi atención un hombre con traje negro, que llevaba un ramo de rosas rojas; las cuales parecían enormes y del color de la sangre. Lucia contento y apresurado –pensé en lo afortunado que era- no sabía el destinatario del mismo; pero seguro que éste también lo sería. Los ojos empezaban a escocer un poco debido al viento frío que soplaba en algunos momentos, así que enrojecieron ligeramente, dando la impresión de haber estado llorando.
La Librairie estaba abierta y ví gente que entraba y salía con algunas bolsas de la misma –seguro que Haydèe estaba a cargo de todo; eran casi las diez menos cuarto –yo era quien me había retrasado de manera notable- este era mi nuevo negocio y debía responder por él.
Abrí la puerta y la campana anunció mi llegada; Haydèe tenía varios libros en las manos; me dió la impresión que arreglaba alguno de los estantes y Chloé se encontraba a su lado; charlaban de manera amena. Sonreí, cuando ambas volvieron la mirada hacia mí…

La Niña dijo
Me encanto el vestuario que escogistes para el protagonista hoy, esos vaqueros algo despintados y ese chaleco negro me ha hecho recordar a alguien; solo te faltó nombrar el gorro de lana para que el recuerdo fuese completo. Antonio una vez más, una cordial reverencia ante ti. Un beso
13 Enero 2007 | 10:25 PM