Ámsterdam IV... "The Year of the Cat"
Sarah, les invito a tomar asiento en la perfecta mesa que había preparado; cada asiento tenía una pequeña tarjeta con el nombre de cada uno; Tom le ofreció su silla retirándola un poco de la mesa, a lo que ella respondió con una sonrisa de complicidad.
Era una mesa circular de madera oscura –como casi todos los muebles- se dice que las mesas circulares no rompen la unión entre las personas, porque semejan al círculo de la vida y las energías fluyen entre los invitados sin ningún problema. Una lámpara de metal antiguo, colgaba desde el techo, llegando casi hasta el centro de la mesa; había elegido servilletas de tela, color rojo y las copas bien dispuestas para las bebidas. En realidad, debo aceptar que la escena era realmente hermosa, la ventana al final del salón les otorgaba cierto marco natural a los seis amigos; el pequeño árbol en las afueras se movía lentamente impulsado por el aire del naciente otoño, había perdido ya algunas hojas, pero esto no le restaba belleza; había una pequeña librería justo debajo de la ventana, donde Sarah colocaba los libros que leía con más frecuencia, solía releerlos una y otra vez y algunas veces recitaba a solas conmigo algunos párrafos que a su parecer eran hermosos. Ella siempre ha sido una chica de apariencia frágil, de buen corazón pero de un gran temple para enfrentar las desilusiones de la vida –cosa que aprendió de sus padres- así que el rompimiento con Boyce, no fue causa de muchas lágrimas, consideraba que nadie que sea ingrato las merece.
El chianti poco a poco fue servido en los acorazonados recipientes dispuestos para ello y entre conversaciones, se hizo el rey de la cena, llenando sus cerebros y llevándoles en un viaje de placer por las praderas de la Toscana; era un vino que había traído de un viaje veraniego con Boyce. Comentaban que era muy intenso de sabor, como si se tratase de sangre extraída de uvas; pero aún así, los brindis por tiempos pasados, presentes y futuros, no faltaron a lo largo de la conversa.
Yo estaba algo aburrido, no estoy acostumbrado a vivir con tanta gente a mí alrededor, aunque pocos de ellos se habían percatado de mi presencia. Me estire a lo largo del mueble, maullé ligeramente pero sin lograr ni la mínima mirada hacia mi, no sabía ni por qué lo hacía, ya que a ellos solo les importaba ponerse al tanto de sus vidas, a pesar de las largas conversas telefónicas que mantenían a menudo.
Sarah era la más guapa de todas y no porque sea mi dueña; pero es de ese tipo de mujeres a la que los años le hacen mucho bien, su cabellera negra al mero estilo oriental, era un regalo de su madre tailandesa y sus ojos marrón claro, era menuda, pero con una delgadez exquisita; seguro que ya encontrará a un chico, aunque ella no está interesada por el momento, así me lo ha hecho saber en sus charlas conmigo en la cama antes de dormir –soy su confidente, ¿lo sabéis?- esto es un mérito adquirido de las mascotas, a lo mejor será porque nunca traicionamos la confianza de nuestros protectores.
El otro día ella se encontraba recostada en su cama, era una tarde fresca de las que anuncian el fin de la estación veraniega, leía sin parar un libro que había comprado recientemente, cuando de pronto comenzó a pronunciar mi nombre, deseaba que yo me colocará a su vera y rápidamente lo hice, luego se dispuso a leer un trozo de la escritura en voz alta:
«Quién conoce a los gatos. Vosotros, por ejemplo, ¿podríais decir sin más que los conocéis? Admitiré que su existencia nunca fue para mí más que una arriesgada hipótesis. Todo animal — ¿no es cierto?— necesita adentrarse un poco en nuestro mundo para formar parte de él. Es preciso que consientan, aunque sea sólo un poco, nuestro modo de vida, que lo toleren. De lo contrario se apartarán, serán hostiles y temerosos y la distancia que los separa de nosotros será al cabo su forma de relacionarse…» [Mitsou, Balthus]
Me sentí totalmente reconfortado al recordar aquellas palabras, pronunciadas lentamente de los labios de Sarah; que en ese momento tenía puesta su mirada en mí, al escuchar una de sus canciones favoritas que suele bailar en solitario.












Jean Pierre Trulove dijo
Gran amigo me has dejado super encantado con este capitulo, kya empezamos a conocer mas a fondo a Sarahh y te digo que me siento totalmente identificado con ella, sus cualidades me recuerdan a mi mismo podria decirse... y me encanta el echo que ella no deje a un lado a su querida mascota mientras esta con sus grandes amigos.
Esperaré el proximo capitulo.
Yo publicaré el mio mañana...
Buenas noches
25 Febrero 2007 | 12:10