Las gotas de lluvia se hicieron cada vez más intensas unidas al fuerte viento hicieron que volviera pronto al interior de la casa, empuje con mi cabeza la pequeña ventana en la parte inferior de la puerta y en un santiamén estaba dentro. El ambiente tibio era acogedor, me di un pequeño paseo por el salón, saltando de un lado a otro, desde la mesa del comedor pude ver que nada había quedado de la cena, los platos y tiestos habían sido puestos dentro del lavavajillas –conocía el ruido del sonido del agua golpeando en los platos- no había algo para comer o jugar; así que regresé al pequeño sofá junto a las flores y allí me quede apoyado sobre mis patas traseras y sostenido por las delanteras, a la espera que algo sucediera pero no fue así, la casa sin ella no tenía el mismo sentido, todo era silencio, como cuando ella pasaba el duelo de la ruptura con el norteamericano; más de una vez le ví ir de un rincón a otro con la música en alto cantando algunas canciones e interrumpiéndolas con su llanto a solas que era callado por las voces de las canciones, fue un mal trago verle así y no poder hacer nada. Intenté más de una vez restregar mi cuerpo contra ella yendo de un lado a otro con el fin de consolarle; pero ella no le dio alguna importancia. Me quedé dormido entre recuerdos, no era momento para tristezas.

En la calle, los seis amigos continuaban su andar, cruzaron la angosta calle frente a la estación de trenes, esquivando los rieles del tranvía incrustados desde hace años en el suelo; pocos coches, mayoritariamente taxis transitaban de un lado a otro llevando consigo turistas que huían de la lluvia que se avecinaba sobre la ciudad. Caminaron por el borde de la calle Damrak, todos se detuvieron un momento a contemplar la fachada del Museo Beurs Van Berlage y la iglesia que se sitúa al frente del mismo, una vieja estructura que había visto la historia de esta ciudad. Sarah, en medio de los comentarios de sus amigos, se aisló por un momento de ellos y recordó una noche del invierno pasado, cuando entró a comprar algunos víveres en la pequeña tienda de comida allí cerca, recordó que al salir, la nieve caía como si se tratase de pequeñas esperanzas blancas que se resignaban a caer sobre el suelo y ser pisadas por los transeúntes, le gustó mucho la imagen al ver pasar el pequeño tranvía, que había sido ataviado para la época en una especie de papel de regalo, dando la sensación que se encontraba viviendo en un pequeño y singular scalextric.

- ¿Sarah qué sucede? Dijo Caroline abrazándole fuertemente por la espalda y colocando la barbilla en su hombro izquierdo.

- No me sucede nada, solo recordaba ¡Es la canción!..

Dijo esto casi sin pensarlo, de uno de los pisos contiguos a la iglesia Lisa Loeb sonaba a lo lejos con su Stay . Caroline le llamó tonta, cariñosamente y le pidió que les regalara esta noche la alegría que ella sabía darles en sus encuentros. Continuaron su camino y cruzaron en Dam Dam para llegar a la Magna Plaza, ya la lluvia no les permitía caminar, buscaban las cornisas de los edificios para protegerse de ella. Deseaban llegar hasta Westerkerk tomando la calle Ámsterdam desde la plaza, cruzaron los pequeños puentes que separaban las calles surcadas, iban en parejas para poder transitar por la angosta acera, Tom se deslizó en un momento y al tratar de sostenerse de la baranda de uno de ellos –al ser muy bajas para su altura- creyó que caería al agua sin más, fue cuando Josué le sostuvo por su jersey. Una vez en Westerkerk, Sarah les recordó que allí muy cerca en la calle Prinsengracht 263 Anne Frank escribió su diario.

- Hemos llegado a nuestro sitio. Dijo Sarah dirigiéndose a todos.

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