Ámsterdam X... "Can't Give you Anything" (But my Love)
Sarah se alejo rápidamente de allí hacia la puerta con la ayuda de Tom. Pensó que desfallecería, por un momento todo se nublo en su mente, sintió que el aire le faltaba y unas ganas inmensas de vomitar, no sabía si se trataba de la impresión al ver a su ex novio en aquella situación o era el hecho que estuviera “follando” con la que era su jefe y a la que dos meses atrás ella había invitado a una cena en su casa para presentarle a su pareja. Estaba perpleja, Tom que conocía a Heidi, no daba crédito a la situación. Por un momento el tiempo se detuvo –no sé si lo hace en realidad o es una jugarreta que hace nuestra mente- ambos le miraban como con ganas de explicar “algo” que ni ellos mismos entendían.
Sarah les miró con cierto recelo inquisitivo, con sus ojos a punto de estallar en lagrimas, de un sacudón se soltó de los brazos de Tom y salió expedida por el largo pasillo, su respiración acelerada se confundía con sus recuerdos de los momentos vividos con Boyce y la culminación de su engaño. Sus amigos le vieron salir corriendo quedándose atónitos a la falta de explicación del hecho. Vieron como se abría lugar entre la gente y pasaba apresuradamente entre ellos. Los tres Cris, Manuel y Josué, se levantaron apresuradamente de la mesa al encuentro con Tom que regresaba del lavabo.
- ¿Dónde esta Sarah? Ninguno supo qué decir en el momento
- Acaba de salir corriendo a la calle. Dijo Cris con preocupación
- Luego os explico, dijo Tom y se apresuró a salir en su búsqueda
Afuera el otoño iniciaba pequeñas ráfagas de viento, el suelo estaba mojado, la lluvia reciente había dejado pequeños charcos entre las baldosas, las cuales Sarah pisó, salpicándose sus botas negras. Tomó el mismo camino de regreso, aún sin saber a dónde iba en realidad, el llanto era profuso, ella ni siquiera se molestaba en retirarlo de sus mejillas, este se tornaba frío y doloroso al contacto con el aire, lo último era debido al sentimiento que parecía destrozarle su interior, era esa mezcla de rabia e impotencia que muchos hemos experimentado ante la traición.
Tom salió a la calle y miró de un lado a otro sin ver muestras de ella por ningún lado –estaba asustado- conocía a Sarah y pensaba que era capaz de alguna locura, ¿Cuál? No lo sabía, pero a lo mejor era un mero presentimiento. Sarah en un santiamén estaba frente a la pequeña iglesia frente al Museo Beurs Van Berlage, atravesó la pequeña plaza y cuando se disponía a cruzar la calle una bicicleta, que a altas horas de la madrugada iba empedernidamente veloz, la embistió, golpeándole fuertemente de un lado, cayendo al suelo, tanto ella como el hombre que la conducía. Ella quedó panza arriba –solo le faltaba esto- perpleja por la situación y el hecho, sobre el frío suelo, sintió como su cabello negro se humedecía al contacto con los adoquines. El conductor de la bicicleta se abalanzó sobre ella y le miró con cara de angustia
- ¡Perdona! ¿Te encuentras bien? ¿Te hecho daño? – Lo siento mucho
Ella atolondrada por el susto y la contusión, vio la cara de un hombre de su misma edad –esto le parecía- rubio, al que sonrió al ver su cara de preocupación
-Estoy bien. Dijo incorporándose, ayudándole él a hacerlo.
Se quedó un rato allí, a ambos no les importó si se encontraban encima de los rieles del tranvía o si un taxi a esas horas pudiera pasar.
- Me llamo Arthur, por favor déjame ayudarte - ¿Quieres que te lleve a un hospital?
- No será necesario. Replicó Sarah llevándose las manos a la cabeza.
Ella de pie pudo ver cómo un grupo de folios se habían desparramado por la calle y se apresuró a ayudarle a recogerlos; él le dijo que no se molestara pero ella no se detuvo. A lo lejos se pudo oír la voz de sus amigos, que la llamaban insistentemente, continuo recogiendo hojas de papel escritas.
- Es mi novela, la he terminado e iba corriendo a casa, perdona fue mi culpa.
Ella le miró sonriendo, se retiró el mechón de su cara, cuando Tom llegó corriendo y le abrazó. Todos le rodearon en un instante. Arthur habló con Josué acerca de lo sucedido, mientras que todos le consolaban y protegían. Josué le dio los datos y dirección de Sarah, él los escribió rápidamente encima de una de las hojas de su novela. En ese momento ella le devolvió una mirada que él respondió con gusto.
De regreso a casa, Sarah se despidió. Solo Caroline y Tom vendrían con ella; los demás insistieron en acompañarle, pero ella se encontraba más tranquila.
En casa, luego de la administración de un analgésico, los tres se quedaron placidamente dormidos. Yo les observaba desde el somier, ya en Ámsterdam comenzaba a amanecer, me acurruque llevando mi cola hacía adelante, cuando pude oír al vecino que iniciaba el día con algo de música . Fin










eltioantonio dijo
He usado el titulo de una vieja canción, más por su letra que otra cosa. A lo mejor para muchos esto puede ser un "pastelón"; para mi algo que sucede cada día en cualquier ciudad, los crimenes del corazón están a la orden del día ¿Será por ello que la soledad es la reina del mundo?.
Saludos.
Antonio Alviárez
18 Marzo 2007 | 10:47 PM