"Es un tema en technicolor
Para hacer algo útil del amor
Para todos nosotros…………… Amen..."

Ya no recuerdo los detalles en sí, ni cómo sucedieron los hechos, todo fue de manera tan tempestiva que no hubo tiempo para nada. La última vez que ví a Rubén llevaba una camisa naranja claro y un jean azul desteñido. Nos encontrábamos cerca del Eje Norte 1, muy cerca del la estación de metro de Morelos, cuando me contó sus planes acerca de Lupita. Yo había pensado que todo se había solucionado y que el matrimonio de esta "güerita" sería un hecho más en esta ciudad llena de historias como la de ella; cuando Rubén, aceptó que dejara su amor y se casara con un magistrado en leyes. Un hombre algo viejo de unos 52 años –digo viejo- porque Lupita tan solo cuenta con 20 añitos –uno menos que Rubén- al que conoce desde chiquito y él que ha sido el amor de su vida –al menos eso dicen ambos- la madre de ella, empeñada en sacar de la cárcel a su añejo padre; un hombre, bebedor empedernido, cuya cualidad más destacable es el maltrato a de sus congéneres, maltrato de cualquier tipo, ese tipo de hombres que han nacido con suerte y en el país perfecto para cometer todas sus fechorías sin que nadie le ponga reparo en ninguna oportunidad, ha estado en la cárcel por aguantador de cosas robadas otras veces detenido en la comisaría, pero una vez era absuelto por falta de pruebas.

Esta vez pagaba condena por un abuso a su hija menor, la que fuera la hermana de Lupita que con tan solo 12 años fue abusada por él. Llevaba tres años allí, hasta que un día Adelita –su esposa, y madre de Lupita- fueron a hacer algunos trámites en los juzgados; fue cuando conocieron al magistrado que al verle quedo prendido de la belleza particular y salvaje de la joven. Después de varios acuerdos y manipulación de su madre, ella como buena hija, debía ayudar a la familia con la salida de su padre de la penitenciaría; fue cuando todo se complico entre ella y Rubén, mi amigo.

Ambos caminábamos, yo trataba de distraerle y acompañarle, Rubén, había dejado su viejo Ford azul lejos, en un aparcadero. No hacía nada más que lamentarse y dando uno que otro grito al saber que su amada estaba contrayendo nupcias con lo que él llamaba un "asqueroso viejo, aprovechador" a cambio la libertad de otro igual, este era el precio a pagar.

Recuerdo que se detuvo frente a mí, me tomó de los hombros y dijo en voz alta

-¡No puedo soportar esto, no puedo dejarle allí! -¡Sola abandonada!

Fue cuando trate de retenerle, de convencerle, pero de nada sirvió, con varios movimientos bruscos se soltó y salió corriendo en dirección donde había dejado su viejo coche. Quería ayudarle, pero me era imposible, soy un "pelele" igual que él, un chico que sobrevive cada día en la ciudad más grande del mundo, sobrevive a muchas cosas que prefiero no contar, ya que no soy de la clase social afortunada de este país.

Rubén apresuró su paso, las gotas de sudor gruesas y espesas resbalaban por su frente, agitaba sus brazos para ganar tiempo –si esto era lo que necesitaba- para llegar donde se celebraba la boda, tomo su antiguo teléfono móvil y llamo a uno de sus mejores "cuates" para que la echara una mano en la aventura que se le acababa de cruzar en su inexperta y joven cabeza. Luego dio media vuelta y se perdió en una estoica carrera entre los transeúntes del lugar, iba en busca de ella...