Estambul I... "La Nueva Vida"
Un buen amigo me dijo que me volvería loco de tanto leer, como el Quijote. No sé en realidad si esto puede llegar a suceder. Pero de algo estoy seguro, no dejaré de leer por la mera presunción de que esto pase. Llevó tan solo unas cuantas horas en esta ciudad, estaba cansado de la aburrida Zürich, hace tiempo que deseaba huir, dejar aquel barrio de Zürichberg situado en la colina que mira a la ciudad y dejar ese bendito empleo en la banca Suiza. Cenas en los restaurantes de la ciudad con gente que al conocerla te mira de arriba a abajo, para ver tu ropa y de un vistazo saber ¿Qué diseñador te viste?... Leer a orillas del lago era lo único reconfortante, pasé muchas tardes devorando los libros mientras que en los veranos todo el mundo moría por bañarse en las aguas templadas del Zürichsee y mostrar su hermosa silueta a los transeúntes.
Mientras prefería descansar debajo de algún noble árbol y terminar un libro de Virginia Wolf. He dejado todo esto atrás y por primera vez en la vida me siento un hombre libre –llamadme loco- con la historia que os voy a contar, pero soy feliz al respirar la energía que emerge de las entrañas de esta exuberante ciudad. Me he venido a vivir a una metrópoli que posee veinte millones de habitantes y donde el día a día es toda una aventura; aquí de pie frente a Ayasofya, mis palabras se cortan y no soy capaz de plasmarlas en simples calificativos, una calle de adoquines perfectamente alineados, me separa de su entrada y puedo ver como los pálidos y desteñidos rosas de las paredes no le restan belleza alguna.
Nunca os han dicho que Estambul, posee una especie de misterioso perfume en su atmósfera y todo el que lo respira queda preso de sus profundos encantos. Soy un hombre de mediana edad, alto corpulento –de buen ver- podría decirse, algo obstinado y adicto a los placeres de la vida, pero con una soledad acumulada que ha llegado a su limite, solo aquí, puedo sentir que toda mi sangre vuelve a recorrer mi cuerpo y a pesar de los malos momentos del pasado, vuelvo a sentir que la vida, vale la pena vivirla.
Este hombre, al que le permito que escriba sobre mí, le he pedido que no use música alguna en mi relato, prefiero que sea una historia silenciosa en la que se pueda colar el suave sonido de las gaviotas a su paso por la ciudad, el de las aguas del Bósforo que la atraviesan desde ancestrales tiempos al igual que el llamado a la oración diaria, todos ellos impregnan esta gloriosa ciudad. Que desde tiempos ancestros no ha dejado de mostrar al mundo la grandeza de su cultura.
Un vendedor de té, interrumpe mis pensamientos, sin yo pedírselo ha llenado un pequeño vaso de la infusión y me la pone en mis manos, para que la deguste –no estoy de mal humor- y la acepto. Impecablemente blanco y con un gorro que parece sacado de Las Mil y una Noche, sonríe tratando de hacerse entender; lleva algunos dientes empastados en un metal brillante parecido a la plata. Bebo el primer sorbo y el dulce amargo del té es catado en toda mi boca –me agrada- creo que más de lo debido y el vendedor se siente complacido en observar mi cara de satisfacción como el que bebe un brebaje milagroso que le conduce a mundos de extraños placeres. Busco en los bolsillos de mi pantalón algunas monedas y las pongo en su mano previamente estirada –una especie de reverencia- y me pide que le permita llenar nuevamente el pequeño vaso, accedo y el líquido cuasi dorado baja por la estrecha ánfora produciendo una especie de remolino espumoso en el pequeño recipiente. Una vez más se muestra agradecido, pero esta vez no espera pago alguno, tan solo me dedica las siguientes palabras: Bienvenido a Estambul…














eltioantonio dijo
"Eso que llaman el placer de leer, y de cuya ausencia en nuestra sociedad tanto se queja la gente seria..."
Orhan Pamuk - La Nueva Vida.
21 Abril 2007 | 05:19 PM