Estambul VI… “Galata Koprusu”
Hrant no cruzó palabra alguna con ninguno de los presentes. También hice lo correcto y preferí continuar con mi silencio. Luego de saborear una tibia taza de té, recuerdo una vez haber leído lo siguiente en un libro: “La primera es de gusto amargo como la vida. La segunda, dulce como el amor. Y la tercera, suave como la muerte”. Me sentí reconfortado; había olvidado el mundo y sus penas, definitivamente había encontrado a una especie de maestro que terminaría de mostrarme -¿cuál?- era mi tarea en esta vida.
Salimos de allí, perfumados a un olor que recordaba un incienso suave y fresco. Harnt, colocó sobre su piel algo de perfume OPA –no olía mal- yo preferí guardar en mi piel el olor de aquel baño turco. Tomamos el tranvía que nos dejo en Reşadiye Caddesi, al descender del mismo, ví los barcos aparcados en la orilla a la espera de pasajeros, también un pequeño bote que vendía pescado cocido a la brasa que luego introducía en un pequeño pan, como una especie de bocadillo, había mucha gente comprando y comiendo a su alrededor, incluso ejecutivos –me pareció extraño- si le comparamos con los mundos occidentales.
A unos pasos estaba el Galata Koprusu, en un pequeño puesto de revistas, pude leer la noticia del asesinato de los misioneros. Era casi el final del día. Pensé, acerca de lo peligroso que pueden resultar las palabras, estos misioneros, solo se encargaban de publicar literatura cristiana que les supuso una sentencia de muerte. Un duro recuerdo se recuperó en mi mente con la misma intensidad de cuando sucedió al escuchar una canción a la que le guardaba un rencor estúpido e inconcebible, porque al final era solo eso, una simple canción. Harnt, pudo ver en mi cara la expresión de la tristeza. Permanecí callado, pero mis ojos comenzaron a llorar desconsoladamente, a lo mejor por aquella noticia o el simple hecho de recordar a mi hermana y lo que había sido de su vida, luego de la publicación y posterior fracaso de su libro y engaño de su novio, dos situaciones que ella no pudo superar. Se lo conté todo, a pesar que él parece saber todo acerca de mi. Estuvimos allí detenidos en el puente, varios pescadores furtivos, nos dirigieron algunas miradas, uno de ellos a su paso, le pidió un cigarrillo a Hrant –él se lo cedió sin mediar palabra alguna- el hombre con un gesto se lo agradeció.
-Amigo mío, has venido hasta esta ciudad para aliviar tus penas y así debe ser. Dijo él, mirándome, mientras que permanecía con la cabeza agachada y la cara mojada
-Sé lo doloroso que esto fue y sigue siendo para ti. Replicó mientras colocaba su mano en mi hombro derecho
La música continuaba sonando, recuerdo que cuando le encontré, esta se repetía una y otra vez sin parar, mientras que ella yacía en una bañera roja, teñida por su sangre. El viento que corría a través del Bósforo golpeó mi cara, era frío, muy frío al igual que el cuerpo de Hanna, no soporté más y rompí en llanto, mientras el sonido de las gaviotas y los coches se llevaban de mi mente el de aquella canción.
El tiempo transcurrió sin notarlo, no sé si debimos haber estado detenidos allí una hora y algunos minutos más, hasta que respiré profundamente y di a entender a Hrant, que podíamos continuar nuestro camino. Atrás una vez más, alguien colocó de nuevo la música, pero esta vez, decidí no volver la vista atrás, ajuste mi mochila a la espalda y cruce aquel maravilloso puente que empezaba a encender las luces al igual que la ciudad. A lo lejos pude ver la torre de Gálata y para disipar mi mente, imaginé el momento en que Icaro se lanzó desde ella para iniciar el primer vuelo de la historia. Supuse que sería un lugar alto como ese, desde donde se lanzó en su vuelo eterno y sentir la autentica libertad.
Caminamos por medio de las sinuosas calles, en medio de alguna que otra algarabía de sus habitantes –esta ciudad es así llena de contrastes hermosos- y nada se le parece en el mundo.
Una vez en el barrio de Cihangir, llegamos al pequeño piso donde vivía Hrant...










Madeleine De Cubas dijo
Qué interesante la relación entre estos dos hombres que hasta hace unas pocas horas eran desconocidos. Me gusta muchísimo la descripción del momento, el ambiente que los rodea y cómo se disparan las emociones de los personajes. Un abrazo.
3 Mayo 2007 | 02:36 AM