Estambul VIII… “Escritor”
Había recogido los muebles del sofá y permanecía sentado en el, estaba cansado por la caminata –a mis pocos años no debería suceder esto- reflexioné. Hrant buscó en la alacena una botella a medio acabar de Raki, me ofreció un poco en vaso corto, acepté sin más, deseaba poner algo de agua, pero preferí beberlo puro. El fuerte sabor a anís quemó mi garganta y esófago en su recorrido, aún así, me reconfortó.
-Era la bebida preferida de nuestro Mustafa Kemal Atatürk un hombre idealista y soñador, este licor también fue su perdición. Dijo mirando el vaso entre sus manos
-Yo, diría que un visionario y vosotros le debéis avances importantes de tipo social. Respondí sin reparos, él no me respondió
Hrant, buscó nuevamente en lo que semejaba un pequeño almacén de víveres y encontró un paquete de canelones, sacó una olla y le puso agua. Ví que preparaba algo de comer, fue a la mesa y se dispuso a prepararla.
-Casi siempre como solo. Dijo mientras colocaba los platos y cubiertos sobre la mesa. -Mi vida transcurre en escribir todo lo que pienso, al llegar la noche previo paseo por algún café cercano, regreso a revisar lo escrito, si estoy contento con ello, lo dejo tal y como esta. Volvió a mirar el agua que empezaba a hervir en la cocina
-¿Siempre has vivido solo? Pregunté, a sabiendas que a lo mejor fuera una impertinencia de mi parte –hubo un silencio-
-Mi esposa murió hace algunos años en un accidente de coche iba con mi tío. Dio la espalda en busca de lo que parecía una botella de vino tinto.
-Lo lamento. Dije en voz susurrante
-No lamentes nada chico, ya tienes suficiente con tus penas –Ha sido difícil, pero al final me he acostumbrado a vivir solo y escribir es ahora lo que llena plenamente mi vida, de cierta manera soy un hombre feliz
Guarde silencio y medite sus palabras. Creo que todas las personas que aman escribir, vuelcan toda su vida en ello, creando una especie de mundo que esta lejos de la realidad que les ha tocado vivir.
Sirvió un poco de vino en la copa y se dirigió al ventanal de la terraza en silencio, se detuvo allí y previo sorbo del oscuro líquido dijo:
-Toda mi vida está aquí, en este lugar, no he nacido en otro sitio que en este y aquí permaneceré hasta mi muerte, entre mis escritos y libros. Guardó silencio, mientras que el viento le golpeaba como si se tratase del mismo dolor de su pasado
Bajé mi vista hacia el suelo desgastado por el uso, en algunas partes, la madera dispuesta literalmente en forma de punta de flechas, se encontraba gastada por el uso.
No quise hablar más acerca de temas tristes, ni muertes. Él sirvió la pasta en platos hondos y puso salsa encima de cada plato, nos sentamos y brindamos por nuestro encuentro, al fin ambos, no nos sentíamos solos en lo que sería una fría noche de Estambul. Ví como las luces de la ciudad brillaban con más intensidad –a lo mejor olvide que era la noche que cada vez se tornaba más oscura- desde mi asiento en la mesa, el Cuerno de Oro como si se tratase de un guerrero turco inmortal nos observaba a lo lejos –desde abajo- pero nos miraba, y parecía saber los secretos que Harnt le pudo contar en sus noches de soledad.
Bebimos sin parar. Yo estaba atontado, siempre el vino ha producido una especie de letargo en mi cabeza, mientras que para otros es un licor que alegra el alma, para mi es como un aliado de Morfeo, obnubilando mis pensamientos. Le pedí a Hrant que deseaba recostarme un momento, me indicó el camino a la habitación –dijo que él se encargaría de recoger los trastos de la mesa- en la habitación, habían dos camas de mediano tamaño, separadas por una pequeña mesa –algo antigua- por no llamarla vieja, en ella dos libros y una lámpara art deco. Parece que en Estambul abundan los objetos de este estilo, se quedaron allí desde que vivían allí Pierre Loti y Agatha Christie.
Me tumbé en el suave colchón, solo retire mis zapatos y quedé sumido en un profundo sueño. Lo extraño de todo era aquella sensación de familiaridad con aquel hombre y ciudad. Tal vez en vidas pasadas –como piensan algunos- viví en este hermoso lugar y mi vida era simple como la de un mercader del bazar de las especias, rodeado de Delicias Turcas, azafrán Iraní y tés exóticos. Una vida simple y plena con una familia que espera tu regreso al final del día para cenar al abrigo de hogar. Era algo que nunca llegaría a experimentar –al menos en esta vida- que me ha tocado vivir.
Fue hasta avanzada la noche, que el sonido de la máquina de escribir se colaba entre mis sueños. Soñaba con cada letra que esta imprimía sobre el papel blanco, corrompiendo su blancura, como la de una virgen en la primera noche de su boda. Acompañado de una sutil música que acompañaba al teclear incesante en una cadencia que se producía como alivio de las penas de este mundo. Reconocí en medio de mis sueños la música y con un poco de lucha interna pude despabilarme completamente de mi sueño y con paso suave y lento me acerqué a la puerta que comunicaba con el salón, el ruido de las teclas se había detenido y pude ver a Harnt, de pie frente al magistral balcón con lagrimas en sus ojos, que reflejaban las brillantes luces de Estambul…






ottoottotre dijo
Saludos Antonio, la verdad es que el personaje también ve extraña esa familiaridad que tienen los dos hombres. No se como reaccionaría yo si, alguien que acabo de conocer en una ciudad a la que acabo de llegar, me invitara a comer, beber y dormir en su casa. Esa familiaridad que tanto extraña debe ser muy fuerte y rpfunda para aceptar la hospitalidad del escritor.
Saludos y a pasar buena semana Antonio
7 Mayo 2007 | 08:29 AM