Estambul IX… “Inmortalidad”
Di tan solo unos pasos y él pudo notar mi presencia en el salón –no se inmutó- continuo allí de pie en el balcón.
-¿Le echas de menos? Pregunté, él tardo en responder
-¡Si! Le extraño, no hay día que pase que no lo haga, pero ya esta, es irremediable. Dijo pasando su mano derecha por su cara para enjuagar las lágrimas
-¿Quieres beber una copa? Replicó, dando unos pasos hacía el salón
-No ahora no, gracias. Respondí mientras caminaba hacia el balcón
Allí me detuve y luego me senté en una de las sillas de bambú. Él, sirvió la copa y volvió a donde me encontraba. Bebió un profundo sorbo de vino y me habló de lo que escribía, de las críticas a las que se exponía a causa de sus textos, también de la oferta de ser profesor de una universidad en Estados Unidos. Pero había algo que tenía claro y era continuar viviendo en Estambul, es allí donde ha nacido y toda su infancia había transcurrido al lado de una madre que le dio apoyo incondicional y la que no se molestaba cuando pasaba horas encerrado en su habitación leyendo. Fue allí mismo, cuando me contó de la muerte de su gran amigo Armenio, muerto en el barrio de Osmanbey de esta ciudad. Habló de las protestas que se sucedieron en la ciudad a causa del hecho.
Creo que era una noche de agobios, parecía que todas las penas habían planeado una componenda en contra de su espíritu –era a lo mejor un hombre atormentado- o se trataba de la misma historia a través de los siglos, la que cuenta que los genios siempre tienen mal final, que parece que la vida se ensaña en contra de ellos porque los considera un peligro durante su estadía en este planeta. Por unos momentos, reflexioné, acerca de la injusticia, pero sin poder hacer nada para cambiar algo que parece establecido y que a lo mejor se repita una y otra vez en el futuro con otra victima.
Mirándome a los ojos, me explicó los secretos de la vida y la muerte, del amor y el desamor, de la felicidad y la tristeza, me contó de mi destino y mis penas, era yo quien debía llevar el libro a su destino, un lugar donde pudiera ser trascripto sin hacer cambio alguno a las palabras y su contenido. Me había convertido en la parte libre de su alma, la que no se encontraba íntimamente unida al encanto de esta ciudad, era la parte de él, que conocía todos sus secretos, incluso sus lágrimas, era yo quien debía ir y entregar el manuscrito a media mañana y hacer que unos amigos suyos le dieran camino a su publicación –lo entendí perfectamente- al fin tenía una gran misión en mi vida, por la que siempre había estado esperando. De la que me hablaron mis padres cuando era niño, del amor y el cariño por la lectura y los buenos libros, esos que te enseñan y abren tu mente, como si se tratara de un saca corchos cerebral, de la pasión en la que mi hermana puso toda sus buenas intenciones y la que no supo sobrellevar después de su fracaso. Esta vez no sería así. Hrant, era un escritor brillante y con un inmortal futuro, sería un hombre que estaría en la memoria de toda la historia de la humanidad, era ese tipo de escritor del cual todo el mundo habla y todos desean conocer. Aquel ermitaño ser, que refugiado en un pequeño estudio de un barrio de Estambul, se levantaba unas horas en la madrugada y escribía lo que la gente leería en un futuro próximo y que algunos afortunados con suerte –no sé si para ellos o para él- cambiarían los destinos de una nación que se debatía entre su pasado y futuro entre dos continentes.
Lloré a su lado –nadie nos vio- tal vez lo hicimos, porque en una especie de visión, pudimos ver, cómo algunas personas continuaban ciegas en medio de la verdad. Fue una especie de sensación parecida al fracaso, pero que no se trataba de la misma, a lo mejor de descontento, pero que era compensada por la otra cara de la moneda en la que muchos leedores verían cambiada su vida con aquellos escritos, sería tan profundo el cambio que sucedería en sus mentes que esto le proporcionaba a ese escritor una de las cualidades de Dios: La inmortalidad.
Creo que nunca fue dado a creer en ÉL, dijo en alguna oportunidad que como ÉL era omnisciente, entendería las razones por las que no creía en ÉL, y creo que tenía mucha razón en sus palabras. Menos de esto, sería dudar de su poder, esparcido durante siglos en la mente humana…









nomeacuerdo-com dijo
Estos estan tontos o que?
Estoy haciendo el comentario y mira que tontadas hacen...., a ver si me dejan escribir...
Quería decirte que que bonito y que bien lo describes todo con la palabra, hasta se emociona una, y parece que se sensibiliza con ellos...
UN ABRAZO
9 Mayo 2007 | 12:22 AM