Estaba completamente desnudo frente a ella. Delgado pero musculoso dejaba ver sin alguna vergüenza su masculinidad en erección. Esta vez el atolondramiento, le permitía un momento de juicio –pensó- podría ser su hijo, tenía casi su misma edad. Se detuvo un momento y pensó salir de allí tal y como había llegado.

Las palabras de una de las canciones de su hijo usurpó aquellos pensamientos “Vive, no busques más… Vive, tú tren se va… No volverá… Vete con él…” Al recordarlo, los recuerdos de su vida pasada le originaron cierta tristeza. La vida le estaba jugando una extraña experiencia, debía olvidarse de todo y vivirla. Ya se había retirado el antifaz y comenzó a desvestirse por si misma. Una vez desnuda, él le tomó de la mano, y en una especie de movimiento parsimonioso la adentró en la habitación. Una gran cama, estaba allí esperándoles. Le asemejó a un lugar sagrado, donde se ofrecían sacrificios al Egeo, porque el gran ventanal frente a ella, lo dejaría ver en su esplendor al llegar el día. Nada quedó allí.

-Quiero que confíes en mí. Dijo él susurrándole al oído –Harás todo lo que yo te pida, no temas nada

Ella accedió con su cabeza. Ambos se acercaron a la cama.

-Quiero que me ates. Te diré cómo hacerlo. Estaba completamente excitado cuando pronunció estás palabras, su gran pene destilaba los fluidos previos a la eyaculación

-Dime cómo debo hacerlo. Replicó ella.

Le agradaba la idea de subyugar al joven. Por primera vez ser la protagonista autentica de la situación. Él se tendió boca arriba en la cama y la atrajo hacia encima de él, mientras que buscaba una especie de correas para amarrar su mano izquierda con la ayuda de la derecha. Ella –por su lado- entendió muy bien la lección. Fue quién termino de hacerlo y luego fue la otra, mientras que lo hacía dejaba que su pene, recorriera su vientre en un húmedo roce, luego los pies y la que sería su victima, recordaba al hombre de Vitruvio.

-Trae un pequeño látigo, que esta en este cajón. Dijo él, indicándole con un gesto donde estaba la mesa de noche

Ella fue por el. Era un pequeño instrumento con algunos trozos de cuero fino.

-¡Golpea mi cuerpo! Con el. Se lo dijo en forma de suplica

Ella accedió y comenzó a fustigar suavemente su cuerpo. Se encontraba de pie en la cama, sobre él. Este se retorcía de placer, y pedía más. Incluso dio suaves latigazos a su miembro, cosa que le estimulo mucho más.

Isabel, no se conocía a si misma, pero la situación le agradaba cada vez más. En varios momentos, pensó en su marido y esto hizo que los azotes tuvieran más intensidad.

-Eres mi Venus de las Pieles. Dijo Dimitry casi jadeante

Era un literato y hasta para estos momentos tenía su comentario acertado. Isabel no deseaba esperar más, su humedad también reclamaba castigo y lo hizo suyo brutalmente, hasta que ambos, unieron sus voces en una sola de placer inconcebible.

Quedó exhausta sobre él cuerpo de él, su cabellera rizada, intensificó su agradable olor, que Dimitri, con sus ojos cerrados disfrutaba como un elixir de amor. Isabel le besó, suavemente, mientras que sus partes intimas se separan en una caída húmeda y relajada.

-Ya somos parte el uno del otro. Dijo mirándole a los ojos.

Se besaron una y otra vez y el juego se inicio de nuevo….

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