Bogotá VI… “Por la Ciudad”
He aprendido a ignorar perfectamente ciertas actitudes humanas, de no ser así, sería victima de una tristeza eterna.
El aburrimiento llego más rápido de lo que pensamos. Así que movernos de aquel sitio era lo mejor que podíamos hacer. Me extrañaba que Gloria, hubiera olvidado aquella voluntad por vender su cuerpo. De pronto era una niña que solo deseaba charlar y divertirse. Caminamos por en medio de la gente –era mucha- ignoramos el propósito de su protesta. Muchos empeñados en mirarnos como un peligro andante al que hay que temer; pero esta vez, ambos nos sentíamos intocables y con cierto sentimiento de triunfo, después de tremendo desayuno.
Nos pusimos a correr entre la gente, si tropezábamos con alguno, esto, nos causaba una risa de muerte, al final algo agotados del esfuerzo físico y la felicidad, nos rendimos en el césped muy cerca de la biblioteca. Allí panza arriba, ambos, nos deleitamos con el cielo azul de Bogotá.
-¡Me siento feliz! Fue Gloria la primera en expresarlo
-¿En verdad te sientes feliz? Pregunté nuevamente algo que era obvio
-¡Si! Me gusta estar contigo –dijo- Creo que me traes suerte. Ella suspiró
Yo le acompañe en el suspiro y extendí mis brazos sobre mi cabeza y me hice un cojín con mis manos, como todo un hombrecito –así me encontraba- capaz de hacer feliz a su joven princesa.
Transcurrieron algunos minutos, que se hicieron una hora y algo más.
-¿Quiere que vayamos donde mi amigo Sebastián? Le pregunté, mientras incorporaba un poco mi cabeza
-¿Es él, el que te enseña todas esas historias? Preguntó ella haciendo el mismo movimiento
-Si, es él –respondí- es quien me ha enseñado a leer, aunque no lo hago del todo bien, pero poco a poco lo hago cada vez mejor
Ella, algo asombrada, me miraba con cara de perplejidad.
-Solo debemos hacer algo, si queremos ir hasta allí. Le dije con aire de misterio
-¿Qué debemos hacer? Ella se sentía curiosa
-Debemos ir en busca de algún baño y asearnos un poco –le dije usando un tono familiar- menos mal que no estamos tan mal de ropas. Dije guiñándole un ojo
Ella sonrió, con una sonrisa, como pocas he visto en lo que llevo de vida. Su cabello negro oscuro, enmarcaba su rostro y su boca dibujaba una mueca digna de un ángel.
-¿Por qué me miras así Pelao? Dijo ella levantándose rápidamente de donde se encontraba –Mira que puedo ser tu hermana mayor
No quise contestar nada –es mejor así- al menos ya no estaba solo, y a punto de embarcarme en una preciosa aventura intelectual en la biblioteca de esta ciudad. Antes nos colamos en un restaurante de comida rápida, y allí cada uno en su sitio, nos lavamos cara, brazos y manos. Yo por mi parte aplaqué mi cabello con algo de agua. Estiré un poco mi camisa azul con ambas manos y eche un último vistazo a mi reflejo en el espejo –no estaba mal- pensé y salí en busca de Gloria.
Ella tardo algo más –como todas las mujeres- cuando salió del baño, llevaba el cabello recogido con una cola de caballo que se había hecho con un trozo de tira elástica.
-¿Cómo estoy? Preguntó mientras que alisaba su vestido negro
Una vez más me quedé sin habla, ella era una especie de aparición sobrenatural ante mis ojos, o al menos, esta era la impresión que causaba en mí.
-¡Es mejor que salgamos ya de aquí! Dijo dándome un pequeño empujón –De hace rato estás algo tonto Dany Boy
Y así fue –si que estaba tonto- pero me gustaba sentirme así. Salimos de aquel sitio e iniciamos nuestro camino hacía la biblioteca. Al salir ella paso su brazo derecho por encima de mi hombro y me acercó a ella –me sonrojé- pero ella, ni lo notó y así una vez más, en medio de tanta gente, éramos los niños más felices de esta ciudad en ese momento. Y que nadie diga lo contrario…









imagina dijo
Hola Antonio he recuperado y estoy en el sexto, de tus relatos este me intriga más que otros. Será que me identifico con los personajes o probablemente quiero saber que le depara el destino a estos dos...
Ya iré comentando, lo encuentro muy interesante.
Un saludo
Raúl
11 Julio 2007 | 12:38 PM