Venecia II... “Arribada”
Tan solo unos cuantos kilómetros me separaban de Venecia. Ya en el aeropuerto, preferí tomar el vaporetto y de esta manera, hacer la arribada tal y como el lugar lo merece. Había dejado atrás parte de mis recuerdos, en otra ciudad –la cual no quiero mencionar- de nada sirve comentarlo. Me sentía algo cansado y este sitio prometía ser lo suficientemente encantador como para lograr despejar mis pensamientos en lo relacionado al amor. Aunque no era cosa fácil en una de las urbes más románticas del mundo. Una pareja de enamorados, se encontraban a mi diestra y emocionados miraban con ansiedad todo lo que aparecía a su alrededor. Yo, al contrario, como buen escritor, fraguaba mi emoción por este hermoso lugar y me dedicaba a observar detalles de los cuales luego escribo.
Volviendo al tema. Creo que se trataba de unos recién casados, ella mucho más enamorada que él –a mi parecer- en fin, a lo mejor son meras elucubraciones mías, tal vez sea que proyecto mi fracaso emocional en los demás y niego la existencia del amor verdadero por no tenerlo. En todo caso, estaba en Venecia, no para filosofear acerca del tema más antiguo del mundo y el que continua moviéndole, es un mal necesario, de eso se trata. Incluso vende, y mucho o mira las llamadas lunas de miel, que cada año llenan los diferentes lugares del planeta de parejas felices o que simulan serlo. Habrá de todo.
Llegamos rápido al gran canal y quedé conmocionado con lo que veían mis ojos. Los viejos palacios y casas, estucos gastados con elegancia exquisita, el terracota y amarillos de las paredes y paneles. Era un espectáculo indescriptible, un olor característico del que siempre se ha comentado de Venecia, se hizo presente. Mira como es la vida, a lo mejor el mismo en otro lugar del mundo llegaba a molestar, en cambio aquí formaba parte del encanto, nada faltaba y mucho menos sobrar. Di unos cuantos pasos por el estribo del pequeño barco hasta la proa y allí pude sentir como me adentraba en un sitio lleno de sensaciones que nunca antes había experimentado, hasta sentí ganas de llorar, tal vez se trataba de un simple conato de Síndrome de Stendhal. Allí de pie, en la parte más delantera del vaporetto, yo sólo, lleno de una especie de felicidad que nunca antes había experimentado. Me sentí el hombre más afortunado del mundo…
Venecia: I








ottoottotre dijo
Juraría que había dejado un mensaje. En cualquier caso lo vuelvo a dejar.
Decía que:
No sabía que esas ganas que te entran de repente de llorar al experimentar según que experiencia, tenían nombre. A mi me pasa a menudo y en Venezia como no, también me pasó. Y es que demasiadas sensaciones y belleza juntos y en poco espacio de tiempo.
Me ha encantado lo que has escrito sobre el olor de Venezia porque yo lo noto mucho. Y cuando se lo digo a la gente, no me creen y dicen que exagero. No exagero nada, Venezia tiene un olor especial, pero que forma parte de sus características.
Gran ilustración la que has escogido.
Un abrazo
P.S. Dime que quieres saber y te lo cuento en cuanto pueda. Aunque eres un artista documentandote sobre lo que escribes.
19 Octubre 2007 | 05:22 PM