Praga IV… “El Maestro”
Un largo camino de hiedra y tierra mostraba el sendero, enmarcado por una hilera de árboles frondosos y una pared blanca que le separaba del exterior, a su derecha. Iba observando y leyendo las lápidas a su paso. El terreno dividido en parcelas numeradas que iba dejando detrás. Incluso sin notarlo pasó de largo sin darse cuenta, que casi tropieza con el lugar que buscaba. Continuó hasta que vio un par de viejos turistas, a los que preguntó lo mismo que al viejo celador. Ellos enseñándole con sus dedos, mostraron lo cerca que se encontraba del anhelado sitio. Dio las gracias y aceleró el paso. Era tal la ansiedad que pensó que no llegaría; allí estaba justo diagonal a uno de los grandes portales, el número 21 marcaba el lote donde se podía leer: “Dr. Frank Kafka” 1883 – 1924, casi a la cúspide de lo que parecía un diamante de cinco puntas clavado en tierra y más abajo el nombre de su padre y madre. Frente a la tumba una placa en honor al Dr. Mare Broda
No se lo podía creer, volvió a su infancia, el hombre que escribía las historias que su padre le leía antes de dormir y que explicaba con ahínco, cuando él, no podía entenderlas. Su héroe, su Dios literario. Allí estaba su cuerpo sepultado más no así su enseñanza. El padre de la FICCIÓN. No pudo con tal sentimiento y se arrodilló frente a la tumba con reverencia, luego incorporándose, fue hasta allí y plantó un beso sobre la lápida, justo al lado del nombre.
Un joven pino crecía al lado derecho de la tumba, abriéndose camino hacía el cielo. Sintió un enorme deseo de ser el, nutrirse de aquella tierra, de aquel cuerpo, de aquella mente tan prodigiosa y así poder escribir una obra maestra que fuera recordada por siempre. Ya pasado el éxtasis, se sentó a la diestra de la tumba, saco una vieja libreta y escribió una carta personal, dirigida al maestro, en la que pedía, fuera bendecido con el don de las letras y la puso debajo de una piedra enfrente de la estela, allí justo al lado de un mármol con el nombre de las tres hermanas del escritor, que fueron ejecutadas en campos de exterminio nazis y cuyos cuerpos, váyase a saber dónde fueron a parar.
Lamentó que Kafka, se llevará mal con su padre –tal no era su experiencia- todo lo contrario, el suyo fue su apoyo incondicional para hacerse escritor; en cambio el pobre Frank, siempre estuvo a la sombra de sus demás hermanos en relación a su lazo paterno.





Fer dijo
Que novela!!!
Me encato eso del pino, cuantas veces hemos querido nutrirnos de esa forma.
Me gusta tu pluma.
Un beso
27 Octubre 2008 | 10:10 AM