Praga VI… “La Madre”
Julie, había dejado la gran cuesta empedrada atrás. Se había detenido a ver las tiendas de souvenir; algunas masajistas orientales en pequeños locales le habían ofrecido un masaje, el cual hubiese querido permitirse, pero no fue así.
Una vez arriba en el mirador del Castillo, se tomó un tiempo para descansar y disfrutar de las vistas de la ciudad. Techos rojos entrelazados, con monumentos que rompían la monotonía con sus puntiagudas cúspides hechas de bronce. Le recordó las imágenes de las ciudades de sus cuentos infantiles, los que devoraba en un santiamén y llegaron a cansarle. Siempre quiso más a nivel literario, era una especie de sed que no terminaba de saciar.
Se sintió algo triste por lo vivido. Por cómo había sido su vida y que su padre no estuviera a su lado para ver éstos parajes junto a ella. Recordó sus palabras: “Nada debe hacer que tu alma pierda la entereza y la alegría de vivir”…
Su padre usaba esta frase, cuando en realidad lo peor lo había vivido de niña, cuando su madre que ella daba por muerta, les había abandonado sin decir nada.
Una mañana de sábado mientras su padre se encontraba en casa haciendo algunas faenas de carpintería y ella acompaño a su madre a la pequeña librería –como era habitual- en su tiempo libre. Cargando con su mochila para hacer deberes escolares mientras le servía de compañía a mamá en aquel acogedor lugar. Madre, dijo que iría por un desayuno para ambas, que traería algunas pastas rellenas de chocolate y té caliente y que desayunarían ambas como nunca lo habían hecho y así fue.
Aún le parece sentir aquel olor tibio de aquellos pasteles y el té caliente que bebía a pequeños sorbos, mientras reía con su madre que le abrazaba de vez en cuando. Se sentía segura y feliz, no hay nada más hermoso que sentirse cobijado por un ser querido, en éste caso su progenitora. Una vez terminado el desayuno; ella dijo que iría a devolver los platos y tazas que el pastelero de la esquina le había cedido –como siempre-, entonces sucedió lo inevitable. Su madre, nunca regresó, le espero todo el día angustiada. Cerró la pequeña librería y permaneció encerrada hasta llegada la tarde cuando su padre fue a buscarle angustiado con una carta en su mano, dónde su madre le explicaba por qué les abandonaba.






XAVS dijo
Te voté, tú puedes hacer lo mismo...buen post, por cierto...
31 Octubre 2008 | 11:24 AM